Aquí hemos sido siempre muy de dividir a los vivos, y a los muertos, así que con las víctimas del 11-M tampoco íbamos a hacer una excepción. Ellos nunca llegaron a saberlo pero en el año 2010 se les considera muertos de izquierdas, o de derechas, en función de quién les represente. Triste condición la de españolito que no mejora con la defunción, al revés, es muy posible que muertos nos desentierren, nos revisen, nos hagan unos planos para sacarlos en un programa de sobremesa.
Seis años después de que estallaran los trenes en Santa Eugenia, El Pozo y en Atocha la división es tan enorme que seguimos recordando a las víctimas por separado, algo que sería impensable en cualquier otra democracia pero que en la nuestra hemos conseguido instaurar. No sólo hay víctimas de derechas, o de izquierdas, sino de las que creen que en el juicio de la Casa de Campo se descubrió todo y los que creen que el terrorismo islámico no pudo actuar solo. Luego están los que acuden a la Puerta del Sol con Esperanza Aguirre y los que prefieren ir al Ayuntamiento con Gallardón, o con los sindicatos a Atocha. Un continuo que vengo y que voy con la memoria de las víctimas, más que honrarlas lo que hacemos es agitarlas sin descanso.
Los que piensan que detrás del 11-M hubo una gran conspiración no van a descansar. Y por su culpa tampoco los demás, (esto sería secundario), lo importante es que tampoco van a descansar las víctimas.
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