Imagínense la escena. Los Van Van actúan en Miami. Hay cien personas que protestan en la calle, indignadas por que se haya permitido la actuación, dicen, de un símbolo del sistema castrista. Dentro, 4.000 fanáticos bailan con la salsa del mejor grupo de este estilo que pulula por el universo musical global. La versión original, con todas las calorías que requiere la fórmula. Nada que ver con el sonido descafeinado de la factoría Estefan. Luego, algún blogero, también representante del exilio, reivindica en el ‘Herald’ a los Rolling Stones y otras músicas prohibidas en los años más oscuros del dominio Fidelista.
Lo que no recuerda este escritor es que, en aquel tiempo, el mayor de los Castro se limitó a unirse a la cruzada anti ‘rocanrol’ que patrocinaban los sectores ultraconservadores estadounidenses. Y algún activista demócrata muy combativo ¿Se acuerdan? La mujer de Al Gore, Tippy Gore, se hizo fotos junto a una hoguera en la que ardían vinilos de los BlacK Sabbath de Ozzy y Tomi Iomi. Vaya coincidencia. Luego su marido llegó a la Casa Blanca y buscaron aliados entre el roquerío, para defender el planeta. Como ese Bono, el de U2 siempre disponible para las fotos.
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Fidel Castro, Tippy Gore, Black Sabbath y los Van Van
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