Ahora todo parece más tranquilo tras el amago de respuesta unitaria europea para urdir un plan de rescate financiero. Pero, lo cierto es que hace una semana los ataques a la deuda española y ese descrédito al que dicen se vió sometida la marca España en los mercados financieros, llegó a tal extremo que en el plazo de dos días, Emilio Botín y César Alierta tuvieron que salir a la palestra para rebatir los mensajes catastrofistas que desde los mercados, e incluso en algunas altas instancias europeas mezclaban las cosas y situaban los problemas hispanos en la misma dimensión que los de Grecia o Portugal.
A tenor de lo ocurrido después, la intervención fue oportuna, pero es sintomático que tuvieran que ser los presidentes del Banco Santander y Telefónica, en su condición de máximos ejecutivos de dos de las principales empresas del mundo, quienes tuvieran que defender la economía del país, simplemente porque ni el Gobierno, ni su presidente gozan de credibilidad para que ese mismo mensaje cale entre los inversores institucionales. Una circunstancia que no es buena en ningún caso.
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Un oportuno ‘rescate’ que esconde algunas preguntas
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