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Panorama en la resaca

La resaca del debate de investidura de Pedro Sánchez ha creado en el ambiente – y no sólo político – una sensación más amarga de lo esperado. La resaca del debate de investidura de Pedro Sánchez ha creado en el ambiente – y no sólo político – una sensación más amarga de lo esperado. Ya se sabía con precisión casi total que no iba a prosperar, pero más que el resultado de la votación final han sido muchas frases escuchadas y actitudes observadas las que más han contribuido a la decepción y sensación de impotencia que se está viviendo ante la incapacidad de formar un Gobierno que los elegidos en las urnas están demostrando.

La Historia desgraciadamente no enseña, ni la que nos recuerda los años treinta, ni la que cuenta el drama de la Guerra Civil, ni las cuatro décadas de Dictadura, ni la sorprendente y modélica actitud de los protagonistas de la Transición ni siquiera la buena experiencia que proporciona el progreso, la tranquilidad – con algunas excepciones, bien es verdad – y la modernización que hemos disfrutado. Es triste que a estas alturas vivamos bajo la impresión de tener que volver a empezar.

En estos dos meses y medio desde que se celebraron las elecciones ha habido que lamentar falta de generosidad y de desprendimiento de intereses personales y partidarios en beneficio de los ciudadanos. En un sistema democrático, como ahora mismo no cabe imaginar ningún otro, el poder se consigue a través de los votos y de la renuncia a los dogmatismos para poder llegar a acuerdos. Fue esperanzador cuando PSOE y Ciudadanos llegaron a un pacto, pero aquello duró poco.

Los demás partidos se encastillaron en sus alegados derechos y exigencias y la situación ha entrado en un punto muerto del que sólo cabe esperar una convocatoria de nuevas elecciones que es más que previsible que no aporten nada muy diferente salvo, eso sí, el deterioro de todo tipo que la prolongación de una crisis como ésta está suponiendo. Para evitarlo, como demanda la inmensa mayor parte de los españoles, hoy mismo los líderes deberán ponerse de nuevo a intentarlo. Poco espacio cabe para el optimismo.

Se abre un paréntesis con pocas perspectivas pero algunas posibilidades que habrá explorar, obligará, sí, a volver a empezar, a unos con conversaciones que abran el camino a negociaciones, a otros con renuncias que alejen obstáculos, a otros, los más, a presionar desde nuestra condición de ciudadanos – no me refiero a los militantes del partido que enarbola este nombre – para que igual que en la transición se impuso la buena práctica del consenso, ahora se empiece a ver la del desprendimiento y renuncia a máximos para conseguir un imprescindible denominador común que nos saque del atasco.

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Panorama en la resaca

Diego Carcedo

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