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La izquierda ante el 20-D

«No creo equivocarme al afirmar que la izquierda ha perdido una gran oportunidad de cambiar el rumbo de este país». A poco más de un mes de las elecciones generales, y antes de conocer los resultados, no creo equivocarme al afirmar que la izquierda ha perdido una gran oportunidad de cambiar el rumbo de este país. La ausencia de una candidatura unitaria inclusiva amplia -que reuniera a todas las sensibilidades de izquierdas, diversas y plurales; que respetase las identidades de cada cual, pero en la que los objetivos comunes se antepusiesen a los particulares- evidencia los errores estratégicos que hemos cometido.

Desde Izquierda Abierta (IzAb) hemos defendido siempre la validez de Izquierda Unida (IU) como instrumento de transformación social y lucha por un futuro mejor y más justo, conscientes de que aferrarse a unas siglas de forma cerril tampoco llevaba a ningún sitio. Si las exigencias de la nueva realidad, de los nuevos tiempos sociales y políticos debían pasar porque IU no fuese el espacio de confluencia como tal, sino un actor más en una construcción más ambiciosa, así debía ser. Pero siempre hemos pedido que el futuro de esta organización había de decidirse de forma colectiva, entre todas las personas que la componen, haciendo gala de la defensa de la democracia interna que siempre nos ha caracterizado. En cualquier caso, IzAb quería que IU reivindicara su hoy tan denostada “mochila”, su experiencia, su saber hacer.

Los procesos de confluencia vividos en estos meses, además de infructuosos, han sido erráticos desde su concepción. Por un lado, estaba el actor al que los nuevos tiempos habían llamado a ser el actor principal de la izquierda empeñado en huir del otro actor al que consideraba un lastre. Asimismo, renunciando a posicionarse claramente en la izquierda ideológica por cuestiones tacticistas. Por otro lado, pienso que IU no supo poner en valor aquello que aportaba en esos procesos: su militancia comprometida en las luchas, su experiencia institucional, su pie en la calle y en las instituciones, su historia, su proyecto y su programa. Esto la hizo perder fuerza al tratar de mimetizarse con la organización con la que se pretendía confluir y, por tanto, partir de una posición de debilidad en los procesos de negociación que, además, han adolecido de luz y taquígrafos. El colocar la discusión de los puestos en lista o de los recursos financieros antes de la discusión sobre el proyecto común y el programa, abocó un proceso que era la disolución de IU de la peor forma al fracaso, tal y como pudimos comprobar.

En las últimas semanas, IU está en otro escenario y, en cierto modo, ha recuperado una línea que nunca debió abandonar, la de su utilidad. IU, con todos sus defectos, sirve cuando menos para orientar en la salida de esta crisis del sistema, para que se haga de forma más justa, social y ambientalmente. Una salida por la izquierda.

Pero los tiempos son lo que son, y la realidad es que no existe un frente amplio de izquierdas como el que defiende Izquierda Abierta. La izquierda se presenta a las elecciones fragmentada, e incluso diría que desorientada. Quizá haya sido fruto de lo convulso de un momento en el que se querían cambios tan radicales y rápidos que al final se quedarán en humo. Y en ese humo ganan siempre la derecha y el neoliberalismo. Aunque cambie de nombre o se tiña de naranja. Como en la Operación Gatopardo: todo tiene que cambiar para que, al final, nada cambie.

No diré que la oportunidad era ahora o nunca, porque habría de afirmar que ya no será, puesto que todo parece indicar que ahora, desde luego, no va a ser. La mochila, por suerte, me permite afirmar que la de la izquierda es una carrera de fondo. Recuperar el rumbo y poder presentar una solución a los problemas acuciantes que tiene el país (lo que verdaderamente importa), como el paro, la desigualdad, la degradación medioambiental, el machismo o la colisión de los intereses privados con el bienestar de la mayoría social trabajadora.

De la capacidad de aprendizaje que tengamos de nuestros propios errores dependerán los aciertos que cometamos en el futuro. Mientras tanto, a las gentes de IzAb, y estoy seguro que de IU, como a mí, nos encontrarán luchando para que las personas que se sienten de izquierdas en este país tengan una digna representación en el Parlamento que saldrá elegido el 20-D. Asimismo, con honestidad y buena voluntad, seguiremos apostando fuerte en los próximos procesos de unidad, en la reconfiguración necesaria de la izquierda de este país que seguro se dará a partir del ciclo que se abre tras las elecciones generales.

* Gaspar Llamazares, portavoz de Izquierda Abierta y diputado de IU/IX en Asturias.

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Gaspar Llamazares

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