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Que el progreso nos pille confesados

El mundo evoluciona (¡menos mal!) pero los recursos son limitados y hay que optimizarlos. Empezamos a ser conscientes de que el derroche no conduce a ninguna parte, y el consumo tiende a hacerse productivo (¡qué inteligente!). Hace unos días, en el South Summit de Madrid, una pareja se acercó para agradecernos su noviazgo. Ella vivía en Sevilla y él en Madrid, y podían verse a menudo y mantener su relación gracias a BlaBlaCar. Compartir coche no es sólo una forma de ahorrar gastos, pero es que sólo eso, ya es mucho.

El mundo evoluciona (¡menos mal!) pero los recursos son limitados y hay que optimizarlos. Empezamos a ser conscientes de que el derroche no conduce a ninguna parte, y el consumo tiende a hacerse productivo (¡qué inteligente!). ¿Cuántos coches con un mismo destino ocupan nuestras carreteras con asientos vacíos? ¿Cuántas casas permanecen desocupadas mientras se sigue construyendo o cuántos carritos de bebé tenemos en nuestros trasteros cuando lo que necesitamos ahora es un triciclo?

Hubo un tiempo en el que todo se compartía, el trueque se alargó durante siglos, pero la desconfianza hizo mella hace unos años en mentalidades que se orientaban más hacia el consumo individual. “Yo necesito, yo compro, yo guardo o tiro”. Quizá el tiempo, las prisas o el recelo hicieron que desconfiáramos de otros, pero ¿y si puedes conocer a la persona con la que colaborar a través de las opiniones de otras personas? Ahí llegó la tecnología, la innovación, el futuro que ya es presente. La novia de Sevilla quizá no conozca a un tal Julián que va a ir con su coche el fin de semana a Madrid, pero gracias a Internet puede saber que Julián, de 28 años, que ha viajado ya en más de 30 ocasiones en el último año, cuenta con el respaldo de 40 personas que han realizado viajes con él y han volcado su opinión en una red social. Puede conocer su cara y sus preferencias además de poder cotejar, gracias a opiniones de otras personas que han vivido la misma experiencia, que es un buen conductor, que su conversación es amena o que su coche está limpio como una patena. Y eso genera confianza. No compartimos con desconocidos; compartimos con personas que hemos conocido a través de la red.

El consumo colaborativo ha venido para quedarse: ahorro, cuidado del medioambiente gracias al uso eficiente de los recursos, un consumo entre personas que se conocen y que colaboran en base a una confianza que tiene que ir de la mano de la ética. La tecnología y la innovación, siendo disruptivos por naturaleza, no pueden desvirtuar la auténtica esencia del consumo colaborativo: la convivencia. ¿“Yo necesito, tú tienes, tú necesitas y yo tengo”? Pues adelante con ello: ¡a colaborar se ha dicho!

*Vincent Rosso, Director General de BlaBlaCar España y Portugal

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Que el progreso nos pille confesados

Vincent Rosso*

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