La discusión no es tanto si el PP compró la máquina o si el PSOE la utiliza con malas intenciones, lo esencial es que envidian a Rubalcaba porque tiene la máquina del cotilleo en el país de los cotillas. El aparato es lo que siempre hubiera deseado tener un español: un trasto que te localiza en cualquier lugar y que es capaz de seguir tus pasos. El SITEL es la gran mirilla de España, un balcón desde el que se ve a quién cruza la calle para comprar tabaco.
Ni Orwell, ni puñetas, esto no es el «Gran Hermano», sino el pequeño español que siempre ha disfrutado de espiar sus vecinos y de especular con las cosas que pasan detrás de las paredes. Gracias a la máquina Rubalcaba se puede convertir en un ser transparente que se cuela por todas partes, mucho mejor que el Espíritu Santo que todo lo ve. De ahí la envidia que recae sobre el ministro del Interior.
El aparato tiene la gran ventaja de que si no te acuerdas dónde has dejado el coche llamas a Rubalcaba y te da las claves para llegar hasta la cerradura. A partir de ahora el que se pierda en España es por vicio, no será porque el Ministerio del Interior no haga todo lo posible por la comunicación de los españoles.
Ahora bien, dado el enorme volumen de conversaciones a espiar urge que se convoquen oposiciones al CCR, (Cuerpo de Cotillas de Rubalcaba). Con una bolsa de pipas y sin hacer mucho ruido con las cáscaras se pueden pasar gratos momentos. La diversión queda asegurada.
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