El líder abertzale lleva años en la cárcel por haber intentado reconstruir una organización política. El pleno del Tribunal Constitucional ha rechazado el recurso del líder abertzale y ha avalado la condena de seis años y medio de prisión que el Tribunal Supremo impuso al exportavoz de Batasuna Arnaldo Otegi por intentar reconstruir esta organización.
Mi jefe nos ha señalado dos cosas.
Una: estamos entrando en el verano del 2014 y, afortunadamente, hace mucho tiempo que se vivió el último atentado de la banda terrorista ETA. Es más, la organización lleva tiempo comprometida con no volver a disparar un tiro. La violencia etarra y, por extensión, la abertzale quedan ya muy lejos del día a día de España.
Dos: Otegi está condenado por intentar reconstruir una organización política (ilegalizada, pero política). Es decir, que no está a la sombra por delitos de sangre, ni por haber puesto un bombazo. Lo está por una actividad política.
Si se suma el factor uno con el factor dos, a mi jefe le da la sensación de que, llevando en la cárcel desde el 2009, que no se haya escuchado su recurso tiene más implicación política que implicación de cualquier otra cosa.
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