Viñeta
La Vuelta a España 2025, esa que se anuncia como una fiesta del ciclismo, está resultando también una fiesta del incómodo recordatorio de que en Gaza la vida vale menos que una escapada de tres kilómetros. Entre ataques al sprint y finales en alto, los manifestantes han logrado colarse en la retransmisión televisiva con un mensaje claro: el deporte también sirve para gritar por la justicia.
En varias etapas, pancartas con lemas en favor de Palestina han recibido al pelotón. No se trataba de la clásica afición disfrazada de diablo, sino de ciudadanos que aprovecharon la atención mediática para denunciar los bombardeos y exigir un alto el fuego.
La reacción política ha sido desigual: algunos intentaron restar importancia al gesto, mientras otros se indignaron porque el ciclismo “no es lugar para la política”.
Lo que queda claro es que esta Vuelta será recordada no solo por sus puertos míticos, sino por haberse convertido en un escaparate inesperado de solidaridad internacional. Y, aunque algunos prefieran que el ciclismo sea solo una siesta televisada, los manifestantes han demostrado que siempre hay quien pedalea también por la memoria y la dignidad.
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