El descalabro del oro a lo largo de este junio ha sido más que vertical, histórico. A falta de los últimos compases de la sesión americana, el preciado metal acumula una caída del 13% desde principios de mes, un porcentaje en rojo que no se veía desde octubre de 2008, cuando la inesperada quiebra del banco estadounidense Lehman Brothers propinó un golpe del 16% a las onzas del brillante elemento químico.
En la jornada de ayer, cada onza de oro llegó a cotizarse por debajo de los 1.200 dólares, una cota que no se registraba en sus gráficas de cotización desde agosto del año 2010. Un descalabro que dejó su precio incluso por debajo de lo que a algunas refinerías les cuesta obtener una onza del preciado metal. Una situación por lo tanto, insostenible para el sector minero, que ya ha sufrido en sus cuentas y cotizaciones el prolongado descenso de precios de muchos metales preciosos.
Según varios analistas del mercado de materias primas, el coste de producción de cada onza de oro ha pasado de unos 500 dólares en 2009 a más de 1.000 dólares en este ejercicio. Un incremento de costes que, sin embargo, no se ha trasladado al producto final. En esta línea de discurso, el oro acumula ya un descalabro del 28% en lo que va de año y pone rumbo a que este 2013 sea el primero en doce consecutivos al alza en que el preciado metal cierre en números rojos.
A pesar de la similitud de los retrocesos de este curso y los de 2008, las causas son bien distintas. Entonces, la búsqueda de liquidez inmediata provocó fuertes ventas en toda clase de activos. Ahora, los inversores buscan activos de mayor refugio que el oro ante la retirada de los estímulos económicos adicionales en EEUU que habían depreciado otros activos de inversión. Un factor que se une a la caída de la demanda en un mercado tan importante para el oro como el indio, donde las últimas medidas regulatorias han frenado la demanda de lingotes y joyas.
Los máximos históricos de septiembre de 2011, en los 1.920 dólares por onza, quedan ahora muy lejos. Mientras tanto, las grandes casas de análisis reducen una vez tras otra sus previsiones de cotización para el oro y otros metales. Y no sólo preciosos. Los llamados industriales también se resienten de la ralentización económica que salpica cada vez con más fuerza al refugio de los emergentes y a gigantes como China.
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