El entusiasmo por el desembarco de Enrique Bañuelos en Amper brilla por su ausencia. Aunque el empresario lleva meses como accionista mayoritario de la tecnológica, los títulos que suscribió a través de una ampliación de capital en exclusiva no han comenzado a negociarse en Bolsa hasta este martes y su gráfica se ha desmarcado de la generalizada remontada para ceder hasta un 1,9%.
La admisión a negociación bursátil de los casi seis millones de acciones que Bañuelos ha aguantado en cartera desde finales del pasado enero ha caído como un jarro de agua fría sobre Amper. El miedo a que el empresario valenciano pudiera optar por hacer caja con sus títulos ha inclinado la balanza inversora del lado de las ventas con fuerza durante la mayor parte de la sesión frente a un mercado que, en su gran mayoría, optaba por el rebote tras días de castigo.
El temor a la espantada del saguntino ha sido tal que la gráfica de Amper ha llegado a anotarse nuevos mínimos de los últimos 19 años. Algunas de las voces más críticas con el ‘regreso a casa’ de Bañuelos tras años fuera de los mercados españoles no descartan que pudiera vender algunas acciones con el fin de conseguir liquidez para poder cumplir con su compromiso de incrementar posiciones por otros cinco millones de euros a sumar a los diez millones que ya lleva invertidos en la tecnológica.
No obstante, un buen número de analistas defienden que salvo en caso de extrema necesidad de liquidez para salvar una ampliación de capital que pende de un hilo, según ha reconocido la propia Amper, la operación no reportaría beneficio alguno. Cabe recordar que tanto la entrada de Bañuelos como la segunda oleada inversora -aún pendiente de cierre- se determinó a un precio de 1,70 euros por acción, frente al poco más de un euro unitario al que cotiza la española.
En este sentido, la falta de los esperados avances en contratos al otro lado del Atlántico, la huida ante el efecto dilutivo de las sucesivas ampliaciones de capital en Madrid y las dificultades en el negocio de la compañía que ponen en evidencia los sucesivos expedientes de regulación de empleo han ocasionado ya a Bañuelos pérdidas latentes cercanas a los cuatro millones. En otras palabras, un tercio de lo que por ahora lleva invertido en su vuelta a España.
Por el momento, el saguntino es dueño de 8,66 millones de acciones de Amper, representativas de un 23,18% de su capital social. Un porcentaje que, aún si la segunda oleada quedara en papel mojado, le sigue dando ventaja sobre el fondo nórdico Tvikap (22%), representado por el también conocido empresario Javier Tallada. Otro de los nombres más representativos de la burbuja inmobiliaria en la España en la que Bañuelos amasó su fortuna con la inmobiliaria Astroc, ahora rebautizada como Quabit.
La negociación en una Amper que está a punto de volver a convertirse en ‘penny stock’ al cotizar por debajo del euro por acción se ha quedado hoy muy por debajo de su media anual. En las ventas, las posiciones dominantes eran las de MG Valores, Link Securities y Ahorro Corporación Financiera, mientras que Inversis Banco, Popular y BBVA dirigían la negociación desde el lado comprador de la ventanilla.
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