La debacle financiera de Pescanova comienza a contagiarse a sus filiales internacionales. La primera en caer ha sido Pesca Chile, ya en quiebra decretada por un juzgado del país andino. Tras meses en venta, la falta de compradores para esta marca supuso el detonante del castillo de naipes en que se habían convertido las finanzas de al multinacional gallega en los últimos tiempos.
El que en principio era el único escollo para asegurar la solvencia de Pescanova se ha confirmado este miércoles como uno de sus problemas de base. El juzgado Civil número4 de Santiago de Chile ha declarado la quiebra de la sociedad Pesca Chile, un movimiento que la vuelve a situar en el ojo del huracán financiero y judicial que se cierne sobre la matriz del grupo. Fuentes del mercado, de hecho, atribuyen a esta filial buena parte de la deuda no contabilizada que en las últimas semanas ha ido aflorando en la cotizada.
La declaración de lo que en España se llamaría concurso de acreedores tuvo lugar el pasado día 2 de mayo, sin embargo no se ha informado de la misma al mercado hasta este miércoles, casi una semana después. La preceptiva comunicación a la Comisión Nacional del Mercado de Valores la suscribe ya Santiago Hurtado, uno de los dos administradores solidarios que la auditora Deloitte ha nombrado para la compañía que hasta el mes pasado controlaba Manuel Fernández de Sousa.
Mientras la quiebra de Pesca Chile, a cuya venta supeditaban varios gestores la vuelta a la normalidad en Pescanova, ha sido encomendada a Hernán Chadwick Larraín, el concurso de acreedores de la matriz a este lado del Atlántico no deja de sorprender a inversores y analistas. Tras confirmarse unas deudas mucho más abultadas que las registradas en libros, todo parece apuntar a que el número de acreedores podría ser incluso el doble del inicialmente previsto, alcanzado al centenar de prestamistas.
Por si fuera poco, otro accionista descontento con la gestión de Fernández de Sousa ha dado un paso al frente -como ya hiciera la familia Carceller- y prepara una demanda contra el expresidente. Se trata del fondo Luxempart, que con una participación del 5,83% en el capital de la compañía, se alineó desde el primer momento contra las tesis del empresario gallego. Fue de hecho uno de los accionistas que cruzó declaraciones con la compañía a golpe de hecho relevante ante el supervisor de los mercados españoles y uno de los que no firmó las cuentas no auditadas del ejercicio 2012 que aún siguen pendientes de publicarse en las formas legalmente exigibles.
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