Un año en manos del Gobierno argentino. Tal día como hoy, en 2012, la presidenta Cristina F. de Kirchner decidía arrebatar a la española Repsol su filial YPF en el país latinoamericano. Sus acciones cotizadas en Nueva York se han apuntado desde entonces un sonoro descalabro del 32% mientras un analista tras otro rebaja sus previsiones sobre un negocio que desde la expropiación no ha hecho más que menguar.
El impulso al negocio de YPF con que la presidenta argentina se ganó el apoyo de buena parte del país para su polémica y aún irresuelta expropiación brilla por su ausencia un año después. El beneficio neto de la petrolera ha caído un 12,2%, sus reservas disponibles son un 24% inferiores a las que se contabilizaban cuando estaba en manos de Repsol y ausencia total de los prometidos avances para la explotación del macroyacimiento de Vaca Muerta. Punto al que muchos observadores y analista achacaron la decisión de Cristina F. de Kirchner.
Ya el mismo día de la expropiación el mercado dio buena cuenta de sus recelos en torno a la operación. En un solo día, aquel en que los funcionarios argentinos capitaneados por Axel Kicillof echaron de sus despachos a Antonio Gomis y el resto de directivos de Repsol, los títulos de YPF cedieron un notable 33%. Un año después, el precio de cada acción ha pasado de rozar los 20 dólares a ver peligrar los 13 ‘billetes verdes’. No solo eso, sino que el precio objetivo de consenso de los analistas ha caído de los 55,20 dólares del pasado febrero a los 12,03 de ahora. En otras palabras, de vaticinar un potencial cercano al 175%, a aguardar una caída del 9% sobre precios actuales.
La retahíla de cifras a la baja es extensa. En el último año, la rentabilidad sobre patrimonio ha retrocedido un 26%, las ventas de gasóleo han caído un 7,6% y la producción de crudo, gas natural y gas licuado de petróleo ha mermado un 0,6%, según datos aportados por Europa Press. Lo que sí ha crecido, en un momento en que los mercados miran esta partida del balance con lupa, es la deuda neta del grupo YPF, que es ahora 180 millones de euros más abultada que cuando dependía de la petrolera española.
Entre todas las críticas, la más sonada en los despachos de inversión es la de falta de socios para llevar a cabo el emblemático proyecto de Vaca Muerta. El tanteo a Bridas y Chevron para ganar la capacidad de la YPF carece por sí misma no ha dado aún frutos. Una parálisis que ha llegado a motivar rumores de un posible acuerdo entre Repsol y el Gobierno argentino que la española se ha apresurado a desmentir en repetidas ocasiones. Mientras tanto, las acciones de la que preside Antonio Brufau acumulan una revalorización del 18,3% en la Bolsa de Madrid.
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