La falta de interés inversor con que la Tesoro lleva meses lidiando para salvar sus emisiones ha encontrado su particular salvavidas en las entidades de crédito españolas. Lejos de distanciarse de los papeles emitidos por Madrid, han casi duplicado su exposición a ellos en el último año en un comportamiento a contracorriente del conjunto del mercado.
A cierre del pasado mes de julio, según los últimos datos disponibles publicados hoy por la Secretaría General del Tesoro y Política Financiera, los bancos españoles contaban en sus carteras con un 95,5% más de deuda soberana que a cierre de 2011. En total, su exposición conjunta a los bonos de las arcas públicas españolas alcanza los 184.511 millones de euros. Una cifra que representa un 32,33% del total de la deuda viva emitida por el organismo dependiente del Ministerio de Economía.
Mientras que la exposición de la banca española aumenta, la de bancos y otros inversores internacionales se mueve en términos casi inversamente proporcionales. De este modo, la inversión en deuda por parte de las entidades nacionales alcanzó el pasado julio un nuevo máximo histórico, al crecer en 6.298 millones, una cota nunca vista en los registros del Tesoro Público.
Según las cifras publicadas hoy, las compras se centran sobre todo en las emisiones de bonos y obligaciones: los papeles a más largo plazo que más dificultades tiene para colocar España en los últimos meses. En estos dos tramos de deuda, las entidades de crédito nacionales acumulan una cartera conjunta de 166.110 millones de euros, un 118,3% superior a la de diciembre de 2011.
Los expertos consultados por este portal sobre los motivos que, junto a la espantada de los inversores internacionales, han provocado este comportamiento apuntan a varias razones. La primera de ellas, que dada la condición de creadores de mercado de muchas entidades -lo que las obliga a presentar solicitudes siempre por un porcentaje mínimo sobre el total previsto a colocar- en las subastas con menos demanda, parte de sus solicitudes no reciben cobertura por parte de ningún inversor.
La segunda, las partidas que, procedentes de las subastas de liquidez del Banco Central Europeo, destinaron en meses pasados a operaciones de ‘carry trade’, es decir, a comprar estos bonos y obligaciones de alta rentabilidad con dinero que tienen que devolver a un módico 1%, apuntándose la diferencia como ganancia en unos balances duramente golpeados por la crisis del consumo que asola Europa y especialmente economías periféricas como España.
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