El acuerdo sigue sin llegar para Codere, a la que los acreedores ya han regalado una docena de prórrogas. Su negociación se ha congelado en Bolsa. El paseo por el abismo de la quiebra se extiende para Codere. La compañía no logra refinanciar sus deudas y ha quedado virtualmente congelada en Bolsa. Nada de los abultados volúmenes de negociación ni de los explosivos cambios de precio a los que la firma de los juegos de azar tiene acostumbrados a los más especuladores del parqué.
La prórroga número once que los acreedores habían concedido a Codere para alcanzar un acuerdo ha sido insuficiente. La compañía ya va a por la docena de extensiones de plazo, que esta vez termina el próximo 6 de agosto. Aunque a primera hora se apreciaban alzas del 2,8% en su gráfica de cotización, la euforia se ha diluido conforme avanzaba la sesión ante la imposibilidad de alcanzar un pacto que se lleva resistiendo ya cerca de un año. Al cierre se anclaba en los mismos 0,72 euros de ayer martes.
Ahora, el ultimátum se extiende en casi un mes, como ocurrió en la última ocasión. Sin embargo, igual que entonces, los bonistas se reservan el derecho de desmarcarse de la espera con antelación. Concretamente, a partir del próximo 23 de julio y siempre con 24 horas de preaviso podrán desmarcarse del stand still, como se conoce a estos acuerdos en jerga financiera. Una circunstancia que una vez más se buscará evitar redoblando los contactos con las partes implicadas.
Durante este tiempo, los acreedores se comprometen a no ejecutar las garantías que respaldan los préstamos cuyo pago de intereses lleva retrasando la cotizada desde el verano pasado en algunos casos. La especulación en cuál sería el desenlace de la prórroga que ha vencido a las 5:00 horas de la pasada madrugada sí que provocó ayer un elevado volumen de negociación y fuertes bandazos de precio. Más de 100.000 acciones de la cotizada cambiaron de manos.
Sobre el tejado de Codere penden, de una parte, los 127,1 millones de euros de un contrato de crédito senior y, de otra, los 760 y 300 millones que se corresponden respectivamente con sus emisiones de bonos emitidos en euros y dólares. El nuevo calendario de vencimientos del grupo, más amable con su complicada situación financiera, sigue retrasándose y la toma de posiciones en la compañía se convierte cada vez más en una apuesta de riesgo dado el peligro de quedar atrapado en otro de los concursos de acreedores que pueblan de cotizadas fantasma la Bolsa española.
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