La tensión cada vez es más palpable en Caja España-Duero, a la que se le acaba el tiempo para acordar una fusión con Unicaja. Ambas partes tienen de plazo para llegar a un nuevo acuerdo hasta que el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) inyecte en la entidad castellana los 604 millones de euros del rescate aprobado por Bruselas.
Si no lo logran, el banco de Caja España-Duero será subastado al mejor postor tan pronto como en marzo, y deberá acometer una profunda reestructuración que incluye el despido de 1.500 trabajadores.
En ese clima de incertidumbre, los sindicatos ya han iniciado las movilizaciones en contra de los nuevos recortes. Ayer mismo, los delegados sindicales se concentraron frente a la sede del banco en Madrid, pero la convocatoria tuvo como respuesta que la empresa “decidió suspender todas las reuniones que iban a celebrar sus directivos en dicho edificio”, según denuncia UGT en una circular, que interpreta el gesto como “un desprecio a quienes representamos y a quienes defendemos”, es decir, los propios empleados.
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