Varias personas protegidas con mascarilla se encuentran cerca de la puerta de Urgencias del Hospital Gregorio Marañón (Madrid)
El creciente número de consultas relacionadas con alteraciones emocionales, ansiedad, abuso de sustancias, autolesiones y trastornos de conducta alimentaria en menores exige una atención especializada e inmediata. Los profesionales de la salud destacan la importancia de identificar señales de alerta para intervenir de manera precoz y eficaz, optimizando recursos en un sistema sanitario ya sobrecargado.
Los especialistas han reportado un marcado aumento en la demanda de atención para casos de urgencias psiquiátricas en el entorno de la atención primaria. Según estudios recientes, la incidencia de intoxicaciones no accidentales y situaciones vinculadas a la ideación y conducta suicida ha experimentado un crecimiento significativo, lo que ha impulsado a los pediatras a revisar y reforzar sus protocolos de actuación.
La ansiedad se consolida como uno de los trastornos mentales más frecuentes durante la infancia y adolescencia. Los pediatras señalan que la manifestación clínica de este trastorno es compleja y varía según la edad, presentándose a menudo con síntomas como miedo, tristeza, irritabilidad y quejas somáticas.Asimismo, se ha observado que las autolesiones en adolescentes pueden responder a diversas motivaciones: desde el alivio del dolor emocional hasta la búsqueda de refuerzo social en entornos digitales. La diferenciación entre autolesiones sin intención suicida y conductas suicidas es crucial para una intervención adecuada.
La prevención del suicidio se posiciona como una prioridad, siendo la segunda causa de muerte en adolescentes. Los pediatras recomiendan una detección minuciosa de señales de alerta, tales como:
La coordinación entre la atención primaria y los servicios de salud mental resulta fundamental para garantizar un seguimiento adecuado y la implementación de estrategias preventivas que integren tanto el ámbito familiar como el social.
La pandemia de COVID-19 ha exacerbado los problemas de salud mental en la población infantil y adolescente, evidenciando debilidades en la detección temprana y el acceso a servicios especializados. Además, factores familiares, personales y sociales han contribuido a la complejidad del panorama, haciendo indispensable la actualización constante de protocolos y estrategias de intervención.
El panorama actual exige que los pediatras de atención primaria asuman un rol proactivo en la identificación y manejo de emergencias psiquiátricas en menores. La integración de estrategias preventivas y el fortalecimiento de la comunicación con adolescentes y familias se presentan como ejes fundamentales para revertir esta preocupante tendencia. La actualización continua en protocolos de actuación y la coordinación con especialistas son vitales para ofrecer una atención integral y oportuna.
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