Categorías: Opinión

Las playas, piscinas y fiestas rodean al principal aeropuerto cubano

Las nuevas decisiones de las autoridades capitalinas de cara a la flexibilización de las medidas adoptadas frente a la Covid-19 semejan ese intercambio de un don Juan con una avispada doncella: por aquí sí, pero por allá, que no que no.

Entre las que más han impactado favorablemente de cara a la población, están la erradicación del toque de queda, la apertura de las playas y piscinas, la celebración de fiestas privadas y el restablecimiento del transporte urbano con limitaciones de concurrencia. Todo ello bajo la premisa que de la ciudad no sale ni entra nadie mientras se mantenga la transmisión autóctona limitada.

Vamos, lo necesario para al divertimento después de siete meses de encierro y cuando aún la pandemia hace de las suyas con severidad, principalmente en la central provincia de Ciego de Ávila, y que en la capital cubana comienzan a descender los casos y aumentar las altas.

Pero no todos aprueban las nuevas buenas emitidas por el Consejo de Defensa Provincial, integrado por el número uno del partido comunista, el gobernador y funcionarios de Salud Pública, entre otras personalidades, porque temen un nuevo rebrote.

“Ya me imagino una fiesta privada”, refiere un cubano en las redes sociales. “Que alguien me diga cómo será el distanciamiento físico y el uso del nasobuco o mascarilla cuando el ron comience a hacer efecto y el baile entre en convulsiones salseras o reguetoneras”.

Lo único que no ha estado en falta ni regulado en esta pandemia ha sido la extensa familia del ron local más otras bebidas importadas que juntas hacen gala en los diversos establecimientos dedicados a la venta en moneda nacional o aquella libremente convertible con la notable excepción de la cerveza, que provoca largas e interminables filas.

Políticos, dirigentes gubernamentales y epidemiólogos han coincidido en que llegó el momento de asumir responsabilidades individuales y colectivas al tiempo de que ya es hora de que la ciudad comience su quehacer productivo y de servicios ante la severa crisis que padece la isla y a la que hay que agregar extraordinarios gastos en salud no previstos.

Y entre las interrogantes, todavía sin regresar a la fase uno, cuándo será la apertura del aeropuerto ya listo para recibir familiares y turistas de acuerdo a normativas internacionales.

Este fin de semana, La Habana se moverá como en sus mejores tiempos, aunque ello no sea precisamente lo que algunos imaginan. Ayer viernes, todavía sin transporte público, ya se veía demasiada gente en el callejeo, con una bolsa o “java” en las manos y trasladándose de un centro comercial a otro como hormigas locas.

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Las playas, piscinas y fiestas rodean al principal aeropuerto cubano

Aurelio Pedroso

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