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La pesadilla de la AP6

El tercermundismo crónico que siempre nos amenaza en España lo sufrieron este fin de semanas centenares, mejor dicho millares, de personas – niños, mujeres embarazadas, ancianos incapacitados, etcétera – bloqueados por la nieve quizás en la principal autopista de peaje de nuestro país, la AP6. Durante dieciocho horas interminables muchos paganos del caro y recién aumentando peaje de la autopista tuvieron que resistir el frio, la angustia de ver agotarse el combustible, la sed, el hambre, los sollozos de los niños, el sueño y la indignación que semejante situación causa y más cuando detrás hay responsables.

Afortunadamente todo se acabó resolviendo gracias, que hay que reconocer a las Fuerzas Armadas, a la intervención de la Unidad Militar de Emergencia que, esa sí, actuó con rapidez y eficacia evitando que la situación angustiosa se convirtiese en drama. Una situación de estas características es evidente que puede darse en cualquier lugar, pero no cuando la amenaza de la nieve venía siendo anticipada desde hacía varios días y cuando existen medios para impedir que se acumule. No se trata además de una carretera estrecha de montaña en algún lugar apartado o remoto de nuestra geografía. No, ocurrió en la AP6.

La empresa concesionaria, Iberpistas (Abertis), se disculpa alegando que tenía en la zona 30 máquinas quitanieves que, a juzgar por lo ocurrido, o habían pinchado las ruedas o sus conductores -algo que no me creo- estaba entretenidos comiendo los roscones navideños cuando los copos caían con mayor intensidad. Porque o no se les ha visto o para nada servían. Hace algunos años sufrí personalmente un corte de varias horas en una autopista que enlaza Alemania con Austria. Estaba diluviando desde hacía varias horas y un rio se había desbordado. La radio informaba que estaban desalojando un centro comercial con canoas.

Fue una noche angustiosa aunque con los problemas paliados enseguida por patrullas de jóvenes socorristas que se movían entre los coches con ropa de agua ofreciendo a los ocupantes de los vehículos bocadillos y vasos de café y té bien caliente, además de analgésicos y de ofrecerse para ir a buscar a una farmacia del pueblo más próximo, que ante la emergencia permanecía abierta, cualquier remedio. Algo parecido, que es lo mínimo que cabe esperar en una carísima autopista de pago, brilló por su ausencia durante la angustiosa noche vivida en la AP6.

La solidaridad de los vecinos de lugares próximos, no muy frecuentes porque las autopistas de peaje no discurren por el centro de los núcleos urbanos, fue en algunos casos ejemplar. Lo que no hicieron los servicios de la concesionaria, cuyo negocio nadie duda que es próspero y lo será más con el aumento de las tarifas de los peajes y la escasas mejoras, si es que hubo alguna, que han experimentado los salarios de los trabajadores. El ministerio de Fomento anticipó que abrirá un expediente sancionador. Bueno. Confiemos que no se traspapele en algún negociado.

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La pesadilla de la AP6

Diego Carcedo

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