El nuevo primer ministro, Manuel Valls, anunció hace unos días recortes por valor de 50.000 millones de euros para cumplir con las exigencias de Bruselas. El presidente francés, François Hollande, sigue en la cuerda floja pese al cambio de gobierno anunciado hace unas semanas, tras la debacle de su partido –el Partido Socialista- en las elecciones municipales. Los problemas llegan ya desde todos los frentes: el externo –con la reciente dimisión de uno de sus asesores- y el interno –con el programa de recortes anunciado por su nuevo primer ministro, Manuel Valls-.
En este último plano, y según informaciones publicadas este lunes en el diario Le Monde, la tensión es palpable dentro del entorno socialista tras la promesa que Valls hizo a Bruselas de recortar, en los próximos dos años, 50.000 millones de euros para poder dar viabilidad económica al Estado. Estos recortes, que también incluirían una reducción de las regiones galas, han dividido al Partido Socialista. El rotativo francés asegura que algunos de sus miembros más destacados llevan todo el fin de semana planteado alternativas a este plan que sigan permitiendo a Francia cumplir con los objetivos de déficit.
En el plano externo el último golpe ha llegado con la dimisión de uno de los asesores políticos más próximos al mandatario: Aquilino Morelle. De padres asturianos, Morelle ha renunciado a su cargo tras las informaciones publicadas por Mediapart en las que se le acusaba de incidir en un conflicto de intereses en el año 2007 al embolsarse 12.500 euros por asesorar a Lundbeck, un laboratorio danés, al mismo tiempo que elaboraba informes para la Inspección General de Asuntos Sociales (IGAS) en los que cuestionaba la relación entre la industria farmacéutica y la política, y reclamaba mayor trasparencia.
Todos estos hechos confluyen en una encuesta reciente de la que se hace eco el diario ABC que ilustra cómo apenas un 18% de los franceses dicen tener buena opinión de Hollande, lo que supondría un récord histórico absoluto debido a que la impopularidad de Valéry Giscard d’Estaing, otro mandatario denostado, nunca descendió por debajo del 37% incluso en vísperas de ser sustituido por François Mitterrand. Antes de Giscard, de Gaulle y Pompidou siempre se beneficiaron de una estima superior al 40%.
El paro y la deuda pública crecieron de modo inexorable durante los mandatos presidenciales de Mitterrand y Jacques Chirac. Pero la impopularidad de ambos nunca descendió por debajo del 30%. Nicolas Sarkozy llegó a ser el presidente más impopular de la V República. Pero su popularidad nunca bajó del 20%. Hollande ya ha anunciado, a la vista de estos resultados y de los problemas arriba mencionados, que no tendrá sentido presentar su candidatura a la reelección, en 2017, si el paro no desciende sustancialmente.
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