El 3 de noviembre de 2011, apenas dos días después de tomar las riendas del BCE, Mario Draghi demostró, con un sorprendente recorte de los tipos de interés, que su gestión al frente del banco central se iba a parecer muy poco a la de su antecesor en el cargo, Jean-Claude Trichet . Desde entonces, Super Mario ha revolucionado la institución, llevándola a actuar hasta los límites fijados en sus estatutos fundacionales. Todo ello con un único objetivo: hacer frente a una crisis descomunal que amenaza con llevarse por delante la economía europea y, por su efecto arrastre, a la de medio planeta.
Entre los principales hitos del italiano destacan tres: bombear más de un billón de euros en los mercados financieros, rebajar el precio del dinero hasta su mínimo histórico (0,75%) y diseñar un polémico programa de compra de bonos soberanos para frenar las dramáticas primas de riesgo de las economías del sur de Europa.
Muchos analistas han llegado a señalar incluso que esta última medida ha sido el punto de inflexión en la crisis de deuda de la zona del euro. Su ya histórica frase, pronunciada el pasado mes de julio (“El BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente”) bastó para desencadenar la mayor caída de la rentabilidad del bono español de referencia en cinco meses.
Draghi , que tiene ahora la labor de convertir al BCE en un nuevo perro guardián de los supervisores nacionales, es uno de los cuatro funcionarios más importantes de Europa, junto con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso; el jefe del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy; y el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker.
Ha sido un año difícil, mucho, incluso para alguien que cuenta con la experiencia y el pedigrí de Draghi, un economista que se formó en EEUU, donde trabajó para el Banco Mundial antes de convertirse en el director general del Tesoro italiano y posteriormente en gobernador del Banco Central de Italia.
Además, no deja de tener sus críticos, especialmente el jefe del poderoso banco central alemán, el Bundesbank. Jens Weidmann cree que las medidas anticrisis de Dragui han ido más allá de su mandato, que consiste en salvaguardar la estabilidad de precios en los 17 países que comparten la moneda única.
Si bien muchos consideran que el BCE es la única institución europea capaz de actuar con la suficiente rapidez para extinguir los fuegos de crisis, Draghi ha insistido desde el principio en que la solución a los problemas de la región deben proporcionarla los gobiernos nacionales. Según su visión, cualquier medida que adopte la institución monetaria solo servirá para comprar tiempo a los gobiernos.
Sin embargo, tal y como señalan los expertos, los políticos todavía no han sido capaces de plantear una estrategia coherente y que dé frutos, por lo que la tarea parece haber caído en el italiano. Financial Times lo ha llegado a calificar como “el general al mando en la batalla para salvar al euro”.
Los observadores creen que el presidente del BCE, que parece mucho más cómodo con la prensa y más accesible que su predecesor Trichet, ha aceptado el reto y ha hecho honor a su apodo de Super Mario.
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