Las perspectives de la economía estadounidense empeoran, según se acerca la fecha de las elecciones presidenciales. Todo un problema para el actual inquilino de la Casa Blanca, Barack Obama, que cruza los dedos y espera que, al menos, los precios del petróleo se mantengan estables.
La caída generalizada del coste de la energía es prácticamente el único factor que, en estos momentos, contribuyen a aumentar el poder de compra de los ciudadanos lo que resulta positivo para el consumo.
Otras buenas noticias inesperadas en un contexto en el que la creación de empleo es mucho más débil que lo previsto, son el aumento del salario medio de los trabajadores registrado en junio con respecto a mayo, unos seis centavos, y el incremento del tiempo de labor diario que avanzó seis minutos.
Aún así, el consenso de los analistas se muestra ahora mucho más pesimista que a principios de año sobre el crecimiento del PIB de EEUU a finales de año. Si entonces la mayoría de los expertos esperaba un 2,7%, que ya se consideraba modesto, ahora el guarismo ha descendido hasta el 2,4%.
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