JP Morgan Chase tiene problemas. La entidad reconoció, hace unos días, tener un agujero de 2.000 millones de dólares producido por una mala gestión del riesgo que encerraban algunos de sus productos derivados. Posteriormente algunas fuentes filtraron al The New York Times que esta cifra iba a ascender hasta los 3.000 millones de dólares, como mínimo. Este lunes, sin embargo, los comentarios que circulaban por Wall Street hablaban de un agujero cifrado en 7.000 millones de dólares.
El escándalo de uno de los bancos estadounidenses menos vapuleados por la crítica tras cuatro años de crisis financiera ha vuelto a poner de manifiesto, además, el enfado de una sociedad que clama contra la impunidad de los banqueros. Una columna de opinión publicada en el popular Huffington Post pedía a Washington que deje de «ocuparse del problema haciendo como si nada sucediese».
Porque los problemas de JP Morgan no suman un caso único y puntual. Hace algunas semanas otro gran banco estadounidense, Morgan Stanley, se vio obligado a reconocer que debía depositar 7.500 millones de dólares en algunas cámaras de negociación de derivados debido a la pérdida de valor de sus productos en esta parcela financiera.
No son pocos los economistas que ven en aquí los síntomas que ya tuvieron lugar durante el año 2008. El 15 de septiembre de aquel mismo año el por entonces cuarto banco de inversión más importante del mundo, Lehman Brothers, anunció su quiebra debido a las enormes pérdidas experimentadas por culpa de su división de activos de alto riesgo, normalmente asociados a los productos derivados. Para muchos, fue el comienzo de la crisis financiera global que aún asola el globo.
Además ahora, como entonces, Barack Obama se enfrenta a unas elecciones en las que se juega el puesto. La diferencia es que hace cuatro años el político demócrata era la oposición y actualmente es el inquilino de la Casa Blanca. Es decir, el responsable de lo que suceda.
Tampoco ayuda a tranquilizar los ánimos la información destacada por el Financial Times el pasado viernes. El rotativo financiero advirtió que los gestores de deridados de la oficinas londinenses de JP Morgan -en donde se ha fraguado el escándalo del agujero arriba mencionado- habrían acumulado títulos de riesgo avalados por deuda hipotecaria tóxica por valor de 100.000 millones de dólares en los últimos tres años.
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