Alfonso Cano, el número uno de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el grupo guerrillero más antiguo de Latinoamérica, fue abatido por el Ejército colombiano ayer por la tarde, aunque su muerte acaba de trascender.
Con su baja, la cúpula de la organización insurrecta queda descabezada. Pedro Antonio Marín, alias Tirofijo o Manuel Marulanda, falleció hace meses de muerte natural en la profundidad de la selva, y Jorge Briceño, Mono Jojoy, también fue abatido en un bombardeo a su guarida, según recuerda la prensa local.
El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, ha asegurado este sábado que «gente dentro de las FARC» colaboraron en la operación militar denominada «Odiseo», que se inició alrededor del 15 de octubre. «Nuestras Fuerzas Armadas fueron planeando lenta, pero seguramente, lo que ayer, ejecutaron de forma impecable», agregó el gobernante durante una rueda de prensa en una guarnición militar en Popayán, la capital de la región en la que murió el líder insurgente, a la que viajó a primera hora de hoy.
Horas antes, el presidente había exclamado: “Es un día muy importante para Colombia”. “Es el golpe más contundente dado a las FARC en toda su historia”, añadió. Cano era la pieza fundamental de este grupo que llegó a poner contra la pared al Estado, pero que ahora encadena una derrota tras otra.
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