Jean-Claude Trichet abandonará la presidencia del Banco Central Europeo (BCE) el próximo mes de octubre, y aún no tiene un claro sucesor tras la renuncia hace unas semanas del principal favorito para el cargo: el alemán Axel Weber. Pero todo apunta a que al presidente francés le sustituirá el italiano Mario Draghi, actual gobernador del Banco de Italia, algo que no hace mucha gracia ni en París ni, sobre todo, en Berlín.
Draghi, al que los economistas dan por favorito, cuenta con dos factores en contra.
El primero es que fue un directivo del banco de inversión Goldman Sachs entre 2002 y 2005, que fue precisamente cuando la entidad de Wall Street ayudó al Gobierno de Grecia a camuflar sus cuentas, lo que posteriormente ha derivado en la peor crisis de la zona del euro. Un ex directivo de este banco ha declarado al rotativo The New York Times que el actual gobernador del Banco de Italia conocía las operaciones relacionadas con Grecia, aunque ha matizado que cuando llegó a su puesto en la dirección del banco ya no podía deshacer fácilmente algo que estaba aprobado.
El segundo factor en contra es que Draghi es italiano.
Al parecer, Angela Merkel está visiblemente preocupada. La agenda establecida apuntaba a que tras el mandato de Trichet, un alemán, el presidente del Bundesbank y consejero del BCE, Axel Weber, tomaría las riendas de la institución monetaria. Así Berlín se aseguraba contar con un potente aliado en el BCE, que tras un año de crisis de deuda europea se ha convertido en un organismo vital para determinar el rumbo de la región. Y además, con Weber al frente, el sistema de turnos establecido por Francia y Alemania –las dos potencias económicas de la zona del euro- se mantendría intacto.
La prensa sensacionalista en Alemania ya ha advertido de que Draghi traerá inflación. El rotativo Bild, el más leído de Alemania, informó el pasado 11 de febrero de que “la inflación es tan parte de Italia como la pasta y el tomate”. Y los alemanes, por motivos históricos, tienen un terrible miedo a la inflación, según comentó a EL BOLETÍN un inversor centroeuropeo.
Además, a Berlín y a París no les hace ninguna gracia que el BCE se encuentre, dadas las circunstancias, en manos de un italiano y de un portugués (Vítor Constancio, el vice presidente de la institución), dos de las potencias de la zona del euro más endeudadas. Ello podría alterar algunas de las medidas que exigen ambos países para no verse perjudicados por la complicada situación que atraviesa el Viejo Continente, y que ya ha dejado dos rescates financieros en 2010: el de Grecia y el de Irlanda.
Sin embargo Draghi cuenta con bastantes apoyos. El afamado economista Nouriel Roubini, por ejemplo, le ha señalado como “el candidato más adecuado”.
Sus principales rivales para suceder a Trichet son Erkki Liikanen, gobernador del Banco de Finlandia, al que los expertos ven sin apenas posibilidad, y Nout Wellink, gobernador del Banco de Holanda, quien prometió hacer lo posible por ocupar el cargo siempre y cuando Alemania no trate de impulsar la consolidación fiscal en la zona del euro.
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Se endurece la pelea por la sucesión de Trichet
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