Desde la oficina londinense del Deutsche Bank se ha lanzado un consejo a Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo (BCE): que trate como aliados, y no como enemigos, a los bancos europeos. Según un informe dirigido por el veterano analista del banco teutón Gilles Moec, el BCE debe incentivar a los tenedores privados de deuda para que apuesten por los papeles periféricos.
“Los inversores aún no saben si deben apostar por la deuda periférica”, aseguró Moec, que llegó a Deutsche Bank después de trabajar en el Banco de Francia. Su informe, que ya ha sido denominado como el ‘Plan B’, apoya limitar la concesión de activos colaterales (de garantía) por parte de los bancos ante los préstamos a un año que realiza el BCE siempre y cuando éstos se utilicen para adquirir deuda calificada por debajo de la máxima nota; AAA. En otras palabras, lo que Moec propone es reducir el coste del mencionado préstamo si éste va a ser utilizado para adquirir deuda de Irlanda, Portugal, España, Italia o Grecia, por ejemplo.
Según el experto, esta medida restaría presión al propio BCE al no tener que asumir la compra de tanta deuda irlandesa, portuguesa o española para tratar así de calmar a los mercados internacionales. En su lugar, esas compras las realizarían las entidades privadas. Cabe recordar que la institución monetaria de la región ha sido el mayor comprador de deuda periférica desde el pasado mes de junio, una estrategia que ha formado parte de la batalla que libran las autoridades del Viejo Continente contra los especuladores para restaurar la confianza en la solvencia de determinadas economías de la eurozona.
No obstante ese objetivo parece, por momentos, muy difícil de conseguir. A día de hoy la deuda se sigue encareciendo para los Estados miembros, e incluso Alemania ha llegado a superar el 3% de rentabilidad en su ‘bund’ a diez años, una cifra que no se daba desde la crisis de deuda griega, ocurrida el pasado mes de mayo. La rentabilidad de los bonos irlandeses con vencimiento en 2020 se mantiene por encima del 8%, mientras que los españoles ya superan el 5,3%. El rendimiento de los papeles lusos, que se encuentran desde hace una semana en el punto de mira de los especuladores a la espera de que Lisboa solicite un rescate, se sitúa por encima del 6,1%.
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