Un vídeo muestra cómo tres refugiados son esposados con bridas por un grupo de búlgaros que patrulla la frontera con Turquía para evitar su entrada. Los problemas para los refugiados se multiplican. Después del ataque con gases lacrimógenos de la policía macedonia, los migrantes han encontrado en Bulgaria un nuevo escenario dramático: los ‘caza-refugiados’. Una banda de búlgaros que patrulla la frontera con Turquía para amenazar, detener y expulsar a aquellos que entran al país.
Un conflicto que ha salido a la luz después de que esta semana se haya publicado un vídeo donde se puede apreciar a tres refugiados tirados en el suelo, esposados con bridas y retenidos. El grito que lanzan estos ‘cazadores’ no es otro que “¡Volved a Turquía! Vamos… ahora! Bulgaria no es para vosotros”, se llega a oír en inglés.
https://twitter.com/pmarsupia/status/720168559461208068
La ministra del Interior, Rumyana Bachvarova, ya ha condenado esta acción y ha asegurado que a partir de ahora la Policía vigilará tanto que inmigrantes ilegales no crucen la frontera como que esos grupos nacionalistas no actúen. “Es inaceptable que cualquier civil que pretende ser patriota y que dice estar de paseo en una zona fronteriza decida retener y devolver a inmigrantes”, ha escrito Bachvarova en su cuenta de Facebook.
Por su parte, la Fiscalía de la ciudad búlgara de Burgas ha abierto una investigación por la “detención ilegal de tres inmigrantes de Afganistán cerca del pueblo fronterizo de Zvezdets”. Según el comunicado de la fiscalía, el Código Penal prevé una sentencia de hasta 6 años de cárcel. De hecho, la policía ya ha localizado a los refugiados que aparecen en el vídeo con el fin de que identifiquen a sus agresores.
Por el momento, Rumyana Bachvarova ha anunciado que Dinko Valev, un luchador semiprofesional que ya presumía a principios de este año de este tipo de acciones y que la televisión estatal calificó como “súperheroe”, es uno de los hombres que ha sido citado ante la policía para ser interrogado.
Tal y como recuerda el diario inglés The Guardian, el primer ministro búlgaro, Boyko Borisov, comentó hace semanas que “cualquier ayuda para la policía fronteriza y para el Estado es bienvenido”. “Cualquiera que ayude merece las gracias”, aseguró. Un comentario del que ha tenido que salir al paso alegando que se ha malinterpretado y que se refería a aquellos ciudadanos que ayudaban a los refugiados dándoles comida y llevándolos hasta la policía.
Una justificación que no ha compartido la activista por los Derechos Humanos, Margarita Ilieva, desde el Comité Helsinki de Bulgaria. Ilieva ha llegado incluso a pedir la detención de Borisov “por incitar abiertamente a la comisión de delitos, e incitar a la violencia y la discriminación basada en la nacionalidad, la etnia o la raza”. Y ha recordado que durante los últimos tres años, el primer ministro búlgaro ha lanzado un mensaje a la sociedad advirtiendo de que la llegada de los refugiados es un “peligro”, una “amenaza” y un “riesgo”. Un discurso que ha calado en la sociedad: el 60% de los búlgaros consideran a los refugiados como una amenaza a la seguridad nacional.
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