La ONG ha advertido de que estas actividades ponen en peligro a las ballenas y a otras especies marinas. Greenpeace se ha unido a las críticas que está recibiendo Obama por la aprobación de las prospecciones sísmicas en el Ártico. A este respecto ha señalado que esta actividad “podría lesionar gravemente a las ballenas y a otras especies marinas”. “Para encontrar posibles yacimientos de petróleo se realizan disparos con cañones de aire que emiten pulsos de sonidos de 259 decibelios hacia el fondo marino. Esta intensidad de sonido sería percibida por el ser humano como, aproximadamente, ocho veces más fuerte que un motor a reacción despegando”, ha denunciado un informe de la ONG elaborado por la institución científica Marine Conservation Research Ltd.
Para Greenpeace, el impacto negativo sobre las ballenas, es claro. El ruido de las prospecciones “puede dañar su audición, la capacidad de comunicación y también desplazar a los animales, ya que afecta a su comportamiento durante el buceo, la alimentación y los patrones de migración”, ha declarado el investigador senior del instituto Marine Conservation Research, el Doctor Oliver Boisseau, advirtiendo de que se aumentaría el riesgo de varamientos, de quedar atrapados en el hielo, o de alterar el éxito reproductivo de los animales.
El barco rompehielos de Greenpeace, el Arctic Sunrise, se encuentra actualmente de camino a la zona concreta de las prospecciones para documentar las pruebas sísmicas. La ONG pretende poner de manifiesto las consecuencias de las actuaciones de las petroleras en el Ártico y ser “los ojos y oídos de esta dañina actividad”.
“Es alarmante considerar la enorme actividad sísmica que está planificada y llevar a cabo en el Alto Ártico, dada la fragilidad de este ecosistema y el potencial de perturbación y daño a las ballenas. Parece justificado que se inste a la cautela extrema debido a la ausencia de datos y la limitada comprensión de los efectos a corto y largo plazo del ruido sísmico en las especies árticas, especialmente los narvales”, han indicado.
Todo esto llega después de que la Administración Obama haya aprobado, bajo condiciones, los planes de la petrolera Royal Dutch Shell para empezar a extraer petróleo y gas en aguas del Ártico, una de las áreas más protegidas del mundo. Esta decisión ha contado con la oposición de los sectores ecologistas y de buena parte de los propios demócratas, entre los que se encuentran Hilary Clinton.
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