El ex primer ministro griego confía en la pronta caída de Syriza para recuperar el poder, pero sus rivales internos ya han alzado la voz pidiendo su renuncia. Nueva Democracia cerró la noche del pasado 25 de enero con el peor resultado electoral de su historia en términos de representación parlamentaria (consiguió 76 escaños de un total de 300) y, además, perdió el poder. Pero el que fuera su líder durante todos estos años, y también durante el citado fracaso, sigue al frente del partido conservador griego.
En Grecia no son pocos los que se preguntan por qué Antonis Samarás continúa dirigiendo el que todavía es el segundo mayor partido del país (el primero es Syriza). Pero lo más interesante es lo que cuentan algunos medios locales: esa incógnita también existe entre sus propios compañeros de filas.
Según una información publicada por el conocido portal informativo Keep Talking Greece, en una reciente convención de esta formación que ha durado tres días ha habido alrededor de una quincena de peticiones para que Samarás abandone el liderazgo de Nueva Democracia.
La crisis interna de los conservadores tendría, en estos momentos, tres cabezas visibles. La del propio Samarás –que sigue contando con el apoyo de muchos-, la del ex ministro de Orden Público Nikos Dendias, y la representada por la familia Mitsotakis: los hermanos Kyriakos Mitsotakis y Dora Bakoyiannis. Esta última podría terminar generando dos corrientes a su vez enfrentadas. Habría, además, otra posibilidad: el ex primer ministro Kostas Karamanlís, que gobernó el país entre los años 2004 y 2009, período durante el cual Goldman Sachs ayudó a su Gobierno a maquillar las cuentas públicas que terminarían desembocando en la crisis que sigue sufriendo el país. Karamanlís, no obstante, ya ha declarado que sus aspiraciones no van en esa dirección.
A la pregunta de por qué Samarás sigue aguantando a los mandos del partido respondió en esa misma convención el ex ministro de Sanidad, Adonis Georgiadis, al explicar que Syriza no aguantará en el poder más de un mes. El líder conservador está esperando que la frágil coalición que comanda Alexis Tsipras no pueda lidiar con todos los frentes que tiene abiertos y se vea obligada a convocar nuevas elecciones. En ese caso, Samarás intentaría convencer a los griegos de que el camino que él marcó en los últimos años es el único que puede sacarlos de la crisis.
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