Donald Trump y Vladimir Putin
El nuevo orden mundial se cocina como un banquete privado. Putin señala territorios como quien elige plato principal, Xi observa sin mancharse las manos —el poder real no necesita gestos— y Trump ya ni habla: su presencia es puro decorado, una copa en la mano y la certeza de que el desorden también cotiza. El mapa no es una advertencia, es un mantel lavable.
Detrás, Europa aparece reducida a figurante educado. Macron comenta el tiempo, Merz asiente, y ambos hacen lo que mejor se le da al continente últimamente: interpretar el desastre como si fuera meteorología. No llueven bombas ni sanciones, llueve poder ajeno, y conviene llevar paraguas retórico mientras otros reparten.
Bajo la mesa, invisibles pero constantes, están los países pequeños, las regiones de paso, los daños asumidos como inevitables. Son las migas del festín, el precio que nadie discute porque no está invitado. La conversación entre grandes potencias nunca habla de ellos, pero siempre acaba cayéndoles encima.
Acceda a la versión completa del contenido
El mundo, servido en mesa de nogal
El encarecimiento del combustible en Estados Unidos se ha acelerado en las últimas semanas en…
El pulso entre EEUU e Irán entra en una fase crítica tras el intercambio de…
La fotografía demoscópica refuerza el avance de Alternativa para Alemania en un momento de máxima…
El Gobierno alemán se ha sumado a una iniciativa impulsada por España, Italia, Portugal y…
El ultimátum de Trump eleva la tensión internacional en un momento crítico para el comercio…
El cambio legislativo introduce un nuevo control administrativo vinculado al modelo de servicio militar voluntario…