El compromiso del Gobierno de que el ‘banco malo’ sea rentable, indispensable para lograr que los inversores privados entren en él, estará en entredicho al menos por un período de dos años debido a los descensos en los precios de las viviendas y el coste del mantenimiento de las viviendas adjudicadas, según defiende el profesor José Luis Suárez del IESE Business School en declaraciones a Bloomberg.
La Sareb, nombre del ‘banco malo’, ha sido creada para purgar los activos tóxicos del sector financiero, la mayor parte de los cuales están vinculados a la propiedad inmobiliaria y al suelo urbanizable, que continuarán con una depreciación que comenzó en 2007.
“Sareb va a ser muy diferente a cualquier otro ‘banco malo’ en términos de activos, ya que éstos van a concentrarse principalmente en el residencial de alto riesgo”, según Suárez. Estos deberán compaginarse además con los costes del mantenimiento de los activos adjudicados, que según los propios planes que maneja el Gobierno será de 400 millones de euros.
La rentabilidad del ‘banco malo’ es una cuestión primordial, ya que el Gobierno necesita que al menos un 51% del capital esté en manos de inversores privados para que no contabilice como deuda pública. Según señaló Fernando Restoy, presidente del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), el objetivo es que en los 15 años de vida de la Sareb obtenga una rentabilidad de un 14% o 15%.
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