La hecatombe financiera que ha devastado en menos de cuatro años a las cajas de ahorros, que constituían el 50% del sistema financiero español, deja en una situación complicada a la CECA, su antigua patronal, que aún subsiste y que ahora preside Isidro Fainé, a su vez presidente de La Caixa.
Además de ser una patronal, a diferencia de la AEB en la que se integran los bancos, la CECA tuvo y retiene algunos cometidos, como ofrecer avales o colateral a sus asociadas para que pudieran emitir instrumentos de financiación estructurada, por ejemplo.
Y buena parte de esos compromisos de crédito, adquiridos en los buenos tiempos, siguen vigentes aún. Por eso su disolución no es un asunto sencillo. Ni siquiera posible, por el momento, según algunas fuentes conocedoras de la situación.
El problema es que, tras la pérdida de la mayor parte de sus asociadas, esta patronal debe buscar un nuevo formato para asegurar su supervivencia, algo que, según estas mismas fuentes, ha empezado a estudiarse en los últimos tiempos y que debe también asegurarle nuevas fuentes de financiación. ¿Tal vez dar el paso y convertirse en un pequeño banco de inversión?
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La CECA, obligada a reinventarse para sobrevivir
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