A principios de la década de los noventa, estalló la burbuja inmobiliaria japonesa. Su efecto devastador se combinaría con las subidas del petróleo provocadas por la primera guerra del Golfo. Un cocktail explosivo que golpeó con dureza a la economía mundial.
España, sin embargo, estuvo protegida hasta mediados de 1992. La inversión pública comprometida para la Expo y los Juegos Olímpicos funcionó como parapeto. Hasta que apareció la realidad de una deuda pública insostenible. La economía se contrajo un 1,1% en el segundo trimestre de 1992 y no volvería a crecer, un 0,9%, hasta el tercer trimestre del siguiente año.
En ese tiempo, el paro se disparó y España se convirtió en el país con más desempleo de Europa. Liderazgo que, ahora mismo, volvemos a ostentar. Para solucionar el problema, el ministro de Economía de la época, Carlos Solchaga, tuvo que recurrir a devaluar la peseta hasta tres veces. Una fórmula de ajuste que hoy no puede utilizarse.
Las devaluaciones se produjeron en paralelo con la salida de EL BOLETIN. El 16 de septiembre de 1992, se decretó la primera (un 5%) y el 23 de noviembre la segunda (un 6%). En mayo del 1993 hubo otra (un 8%).
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1992: ‘Una recesión en diferido’
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