Las regulaciones más estrictas en Europa pesan sobre la rentabilidad, pero también evitan futuras crisis sistémicas, creen los expertos. El presidente Donald Trump está dispuesto a desmantelar el marco regulatorio financiero con el que la anterior administración de Obama intentó dar respuesta a la crisis financiera de 2008 –la denominada ley Dodd-Frank-, en una decisión que dará ventaja a los bancos estadounidenses frente a sus rivales europeos, según consideran los analistas, que advierten no obstante de que a largo plazo podría acabar siendo perjudicial.
La semana pasada, Trump firmó una orden ejecutiva ordenando al secretario del Tesoro que presentara un informe sobre los cambios recomendados a las regulaciones bancarias en un plazo de 120 días. Mientras que los bancos de todo el mundo esperan a que se produzcan estos cambios, los analistas de Europa están especulando el impacto de esta medida en el sector bancario europeo.
“Parece que el objetivo general de la retirada es permitir que los bancos estadounidenses hagan más negocios con menos restricciones de capital”, reflexiona Alastair Winter, economista jefe de Daniel Stewart, en declaraciones a la CNBC.
“Gracias al Troubled Asset Relief Program (TARP), los bancos estadounidenses fueron capaces de recuperarse relativamente rápido de la crisis y se encontraron en una mejor posición competitiva durante varios años frente a los bancos europeos que fueron, dejados a su suerte menos en los países como Reino Unido, España y Portugal. Un ‘roll-back’ hará que los bancos recapitalizados de EEUU sean aún más competitivos”.
Los bancos europeos han sufrido fuertes castigos en Bolsa ante el impacto de situaciones como el Brexit o el escenario de bajos tipos de interés. Ahora, con la posible retirada de Dodd-Frank, varios analistas europeos se preguntan si esto podría crear mayores riesgos para el sistema bancario europeo.
Uno de los riesgos que identifica Winter es que los bancos europeos acaben viéndose atraídos de nuevo hacia negocios más arriesgados, de la mano de los bancos estadounidenses, quedando de nuevo atrapados. “Creo que este es el peligro que preocupa a Draghi, ya que los gobiernos europeos no están dispuestos ni son capaces de rescatar sus bancos en gran medida”. El presidente del BCE advirtió esta misma semana que “lo último” que debe hacerse es relajar la regulación financiera.
No obstante, los analistas advierten también del riesgo de que la retirada de la ley Dodd-Frank acabe volviéndose contra los bancos estadounidenses. Dhaval Joshi, estratega jefe de BCA Research, destaca que el desmantelamiento, “en teoría, pone la rentabilidad de los bancos estadounidenses en ventaja sobre la rentabilidad de los bancos europeos, al flexibilizar las regulaciones y los requerimientos de capital, permitiendo un mayor apalancamiento operativo”. Sin embargo, a largo plazo podría agregar inestabilidad.
“Dodd-Frank tenía como objetivo proteger a los bancos de sí mismos. Las regulaciones más estrictas en Europa pesan sobre la rentabilidad a largo plazo, pero también evitan futuras crisis sistémicas y, en última instancia, crean un sistema bancario más estable”, reflexiona Joshi.
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