Un hombre busca entre la basura en las calles de Cuba, reflejando la lucha diaria por la subsistencia.
Amenaza latente de invasión gringa, sea la más sofisticada o tradicional según las letales artes de la guerra, la gente en plena calle mirando hacia el norte, y en plena “lucha” por la subsistencia. Nadie metido oculto bajo la cama. Todos pensando en el petróleo y en lo de cada cual.
Así tenemos los que venden, los que ofertan servicios y otros motivos muy selectivos casi surrealistas. Ojo con ellos que allá vamos.
A cualquier hora del día o la noche comienzan a aparecer porque cada oferta tiene su hora tentativa. Amanece con el vendedor de pan y su silbato de árbitro deportivo. Le sigue, por la cercanía de embajadas, el del pan con jamón y el frío refresco. También, con iguales propósitos los de las empanadas, rosquitas, señoritas y pasteles o los helados.
No faltan en cada mañana los vendedores de cigarros, ajos, cebollas, papas, plátanos fruta, útiles de limpieza para el hogar, así como los que vociferan que pueden reparar colchones, equipos electro domésticos, cocinas de gas en el propio domicilio,
En la tarde, con puntualidad británica, y sin esfuerzo vocal porque lo lleva grabado, el de los pie de coco y guayaba que a veces interfiere con el que a grito pelado invita a la “caliente” pizza napolitana.
Débiles visuales o con problemas de visión tienen a su disposición “graduaciones de todo tipo”. No faltan también opciones para amantes de las flores.
Todo, sin moverse de casa, que no hay transporte y el coste de moverse en ciclos eléctricos es algo elevado, no accesible a débiles bolsillos.
De igual modo, tenemos los que no pueden alzar la voz y pregonan a la cara un arsenal de medicamentos que los convierte en el hombre-farmacia.
Otros servicios están disponibles para jardinería, hacer mandados en las cercanías, afiladores de cuchillos y tijeras y aquellos aquejados por la fiebre del oro y la plata al anunciar que compran “pedacitos”-
Hasta donde permita el orgullo, uno se siente conforme con esos que “luchan” el sustento y no andan en busca del dinero fácil en un momento tan amargo como ninguno en la historia revolucionaria
Y, para terminar la escena, sin ensayos previos, un moreno, joven y fuerte, ataviado de blanco de pies a cabeza, pero con mochila negra, lleva en sus manos una suerte de cesta con elementos propios de santería. Quienes depositan algún dinero, son bendecidos en lengua no castellana al golpe de una maraca que hace repetir varias veces.
Seguido de él, una legión de ocho Testigos de Jehová, ha tomado por asalto la barriada para una singular “invitación” en conmemoración a la muerte de Cristo. Lo hacen con plegable a todo color impreso en México y patrocinado por una sociedad en Pennsylvania, Convocan para las cercanías de casa a una conferencia titulada ¿Quién salvará el planeta? y luego a la propia conmemoración “tal como él mandó (Lucas 22:19)” tras avisar que se puede concurrir con la familia y que “asistir no lo compromete a nada”.
No pude menos que llamar a mi amigo el párroco de la comunidad, el de los enjundiosos temas terrenales y celestiales, en su Domingo de Ramos, para comentarle el suceso y si acaso no había pensado salir con par de leales asistentes femeninas ya mayorcitas de edad a recorrer la calle cepillo y crucifijo en manos. Debe haberse persignado antes de contestar:
-Dios me libre. Aquí te tengo el guano bendito.
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