Cuentos que cuentan

Cuando no disparar también es una decisión

La ausencia de respuesta armada durante la operación que culminó con la captura del jefe del Estado no fue casual, según versiones coincidentes que circulan en ámbitos cercanos al aparato de defensa.

La decisión, tomada en cuestión de minutos, habría partido del núcleo que concentra el mando político y militar del país, con el objetivo de impedir que la operación derivara en una intervención directa a gran escala.

El silencio de los sistemas defensivos fue, en este contexto, una orden.

Antes de que se produjera la incursión, Venezuela disponía de medios antiaéreos y protocolos activos para neutralizar aeronaves hostiles en su espacio aéreo. Sin embargo, esos recursos no se activaron. La instrucción fue contener, no responder, y asumir el golpe inicial como mal menor frente a un escenario de guerra abierta.

La ausencia de fuego defensivo no respondió a incapacidad técnica, sino a una decisión estratégica calculada

Una orden para evitar una escalada total

En el análisis interno posterior a la operación, se impuso la tesis de que cualquier respuesta directa habría servido de justificación inmediata para una campaña militar sostenida sobre objetivos estratégicos del país. La posibilidad de bombardeos sistemáticos, ataques selectivos y una ocupación prolongada fue considerada un riesgo real.

Los planes de defensa contemplaban escenarios de respuesta, pero también advertían de la asimetría absoluta en caso de confrontación directa con EEUU. El cálculo fue claro: responder equivalía a perder el control de la situación desde el primer minuto.

Por ese motivo, la orden que circuló fue inequívoca: no abrir fuego.

En los planes de defensa se asumía que una respuesta directa habría activado una intervención militar total.

El coste humano ya estaba sobre la mesa

La operación estadounidense dejó al menos 40 muertos, entre civiles y militares, según cifras trasladadas a medios internacionales por fuentes oficiales. En los despachos del poder venezolano, ese balance fue interpretado como una advertencia de lo que podía venir después.

Los informes manejados internamente advertían de que una escalada inmediata habría multiplicado ese número en cuestión de horas, con ataques sobre infraestructuras críticas, centros de mando y zonas densamente pobladas.

La contención fue presentada como una forma de limitar el daño, aunque el precio político fuera elevado.

El número inicial de víctimas fue considerado un aviso de una ofensiva mucho mayor

El contexto previo a la operación

El ataque se produjo tras meses de incremento sostenido de la presión militar en la región, con despliegues navales, presencia de unidades de alta capacidad ofensiva y un bloqueo progresivo del entorno marítimo venezolano.

En paralelo, EEUU había reforzado su argumentario político y judicial, vinculando a las máximas autoridades del país con redes internacionales de narcotráfico y elevando el nivel de confrontación diplomática.

La operación militar fue presentada por Washington como una acción necesaria para frenar el tráfico de drogas, una justificación rechazada por Caracas, que la calificó de violación flagrante del derecho internacional.

Datos clave de la operación

Elemento Detalle
Fecha del ataque 2 de enero
Tipo de operación Incursión militar directa
Objetivo principal Captura de la jefatura del Estado
Víctimas confirmadas Al menos 40 muertos
Respuesta militar venezolana Ninguna
Estado posterior Solicitud de reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU

Una decisión tomada en la cúspide

Aunque no hubo comunicación pública inmediata, la cadena de mando indica que una decisión de ese calibre solo pudo adoptarse desde el nivel más alto del poder político-militar. No fue una iniciativa local ni una omisión táctica. Fue una orden.

Una orden destinada a evitar que el país entrara, de forma irreversible, en un conflicto de dimensiones mucho mayores.

El Gobierno venezolano ha anunciado que trasladará el caso a instancias internacionales, mientras el escenario regional permanece en máxima tensión.

El silencio de las armas, en esta ocasión, fue el mensaje.

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Cuando no disparar también es una decisión

E.B.

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