Opinión

Cronómetros para el negocio, silencio para las víctimas

El pelotón quedó neutralizado entre sirenas y pancartas; el podio, sin ceremonia. Y la política, que debería ofrecer claridad, se refugió en la contradicción: discursos que llaman a la calma mientras niegan el genocidio en Gaza; gestos de empatía seguidos de excusas; defensas de la neutralidad que terminan siendo apoyo implícito a la impunidad.

 La hipocresía consiste en hablar de valores universales mientras se los mide según convenga al rédito político

Reacciones políticas bajo la lupa

La carta de Sira Rego pidió excluir al equipo Israel-Premier Tech. Pero sin sanciones ni respaldo gubernamental, quedó como gesto simbólico. La indignación se escribe en papeles que nadie lee.

La presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso negó el genocidio y calificó las protestas de “numerito”. Sus palabras reflejan la lógica del enfrentamiento: no importa la verdad, sino el cálculo electoral.

La ministra Margarita Robles pidió respeto a los ciclistas y rechazó la violencia. Un mensaje razonable que, sin embargo, evita señalar el fondo: si se admite la legitimidad de las críticas, ¿por qué no se exige con firmeza la exclusión de Israel?

El juez Santiago Pedraz rechazó la denuncia contra partidos que apoyaron las protestas. Un movimiento que evita criminalizar la política, pero también mantiene el espejismo de que el deporte puede ser apolítico.

La política española transforma el dolor palestino en arma de confrontación interna

El espejo de Rusia

En 2022, Rusia fue expulsada de competiciones internacionales tras invadir Ucrania. Entonces nadie dudó: se prohibieron himnos, banderas y sedes. Hoy, con Israel, la respuesta se diluye. La vara de medir cambia según el aliado estratégico, no según el principio ético.

Derechos humanos frente a negocio

Las audiencias, los contratos, la promoción turística. Todo pesa. Pero los derechos humanos no pueden ser un accesorio de la política nacional. Cuando dirigentes niegan un genocidio para defender sus posiciones, cuando se finge neutralidad para evitar costes diplomáticos, el deporte se convierte en coartada.

El negocio sin ética erosiona la democracia y convierte el deporte en propaganda

La Vuelta terminó sin podio y con un espejo roto. El país miró en él y vio su contradicción: políticos que niegan lo evidente, instituciones que esquivan decisiones, ciudadanos que protestan mientras otros reducen su voz a un espectáculo. Cuando la dignidad se negocia, el cronómetro deja de marcar tiempo y empieza a contar derrotas.

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Valentina Álvarez

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