Con seis discos editados y una larga experiencia por los escenarios de medio mundo, la propuesta musical de Tinariwen ha dejado de ser simplemente una curiosa mezcla entre los hipnóticos ritmos del desierto y el blues y el rock de los setenta. Y para demostrarlo, la banda acaba de lanzar ‘Emmaar’, su álbum más occidental. Por el momento. https://api.soundcloud.com/tracks/129612688
Para empezar las circunstancias políticas de su territorio natural en el norte de Malí, y ciertas diferencias con los musulmanes más fundamentalistas que no parecen verle la gracia a esto de mezclar los ritmos del desierto con el rock, les ha obligado a dejar temporalmente su hábitat y mudarse a otro desierto. Ahora están en el Mojave Californiano y han grabado cerca de allí, en unos estudios muy cercanos al Parque Nacional del Joshua Tree…¿Les suena?
Después han contado con la colaboración de algunos invitados estadounidenses para aderezar el guiso y hacerlo más asequible para los oídos de los aficionados al rock de aquel país, porque definitivamente, y a pesar de los pesares, este si es el disco más ‘rockero’ que han grabado hasta la fecha estos tuaregs que, por otra parte, nunca han andado muy lejos de estos hemisferios.
En la nómina de colaboradores occidentales está el poeta y rappero Saul Williams que sirve una introducción muy en la onda de los narradores televisivos de documentales de la década de los sesenta, pero con un fondo instrumental que aporta suspense y ambiente al conjunto, y también Matt Sweeney, de Chavez y Josh Klinghoffer de Red Hot Chili Peppers. Aunque quizá sea el violinista y sesionero de Nashville Fats Kaplin, el menos conocido de todos, quien consiga una mayor integración en el conjunto.
Kaplin interviene en ‘Indiwanin Ahi Tifham’, mi canción favorita a estas alturas, la más ‘bluesy’ de todas y a la vez también la más flamenca, si se me permite el adjetivo. Pero en esta colección de canciones de títulos impronunciables y difíciles de recordar, hay muchos otros momentos poderosos. Desde ‘Toumast Tincha’, la canción del inicio de la que hablábamos en el párrafo anterior a Chaghaybou que empieza con un delicioso riff de guitarra cristalina y va creciendo sobre su insinuante ritmo circular marca de la casa.
Seguramente este ‘Emmaar’ no es el mejor disco que Tinariwen ha grabado hasta la fecha. Sin embargo, los invitados estadounidenses y la definitiva integración de la banda entre los públicos ‘rockeros’ anglosajones puede convertir a este disco, en el más vendido de los suyos y también en un pasaporte para el definitivo éxito global. Esta poderosa banda de Tuareg se mueve por fin fuera del nicho excluyente de la ‘World Music’, una etiqueta atractiva en principio, pero que puede pesar como una losa después, cuando se busca de verdad conseguir un público, más o menos, masivo.
El problema puede estar en las próximas entregas, si llegara el caso de que los imperativos comerciales se imponen y el grupo acaba convertido en una caricatura de si mismo. Por ahora no ha pasado y eso es una buena noticia que nos sirve para recomendar ‘Emmaar’ y sugerir a aquellos de nuestros amables lectores que no conocieran previamente a estos músicos nómadas del desierto que se hagan con sus álbumes anteriores. Eso sí, como siempre, mejor en vinilo que en archivos comprimidos de descarga digital. Estos ruidos de raíz pierden mucho si se les aligera de determinadas frecuencias. Se lo aseguro.
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Emmaar, un disco de Tinariwen
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