A raíz de la Crisis de los Misiles en Cuba, que llevó a los Estados Unidos y la Unión Soviética al borde de la guerra, las partes en conflicto reconocieron que el tiempo de retraso en la comunicación entre el presidente Kennedy y el líder soviético Nikita Khrushchev había contribuido a no poder frenar la escalada de tensión.
Ambos bandos se vieron obligados a hablar a través de intermediarios, lo que provocó retrasos y malentendidos. Por eso se instaló el Teléfono Rojo, una línea caliente, que empezó a funcionar el 20 de junio de 1963 y que no era un teléfono, sino un teletipo, de los que se encontraban normalmente en las oficinas de telégrafos de la época.
Aunque todavía había intermediarios –los mensajes tenían que ser traducidos, para a continuación, ser escritos y transmitidos por los operadores– al menos el proceso se había acelerado. La línea telefónica se utilizó por primera vez durante la Guerra de los Seis Días en 1967, cuando Estados Unidos apoyaba a Israel, mientras que los soviéticos hicieron lo propio con las naciones árabes.
En la década de 1970 se estableció una línea directa, empleando sistemas de satélite y de cable submarino, cuando Leonid Brezhnev ocupó el mando del Kremlin. A pesar de la caída de la Unión Soviética, la línea sigue en uso hoy en día.
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