La gira interminable de Bob Dylan pasa estos días por España. Primero en Bilbao, en el Guggenheim, y después como cabeza de cartel en el FIB de Benicassim, ese festival considerado hace una década como lo ‘más’ de la modernidad y que ya va camino de convertirse en un camping playero para británicos de más de 30 años.
De todos modos, es poco probable que el eterno aspirante a premio Nobel, con 70 años largos a sus espaldas, esté al tanto ni de una cosa ni de la otra. Hasta es posible que ni siquiera sepa que en Bilbao hay un famoso museo de arte moderno y que le han puesto el escenario allí. En estos últimos años, Dylan en todas partes en Ferias del Ganado, en playas australianas y en el cumpleaños de alguna millonaria caprichosa que se lo puede permitir.
Y, en fín, es Dylan, con una potente banda detrás y un puñado de canciones inmortales que, suenen mejor o peor, según el día que tenga este venerable anciano, son historia de la música popular del planeta tierra. Con eso está todo dicho.
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Bob Dylan, en Bilbao
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