Universal reedita ‘No me iré mañana’, el primer disco en solitario del compositor más emblemático del pop español. Ningún disco ilustra mejor el final de un sueño, en este caso de la segunda edad de oro del pop español, aquella que tuvo lugar en la década de los ochenta del pasado siglo, que ’No me iré mañana’, el primer álbum en solitario de Antonio Vega, uno de los compositores españoles más importantes de la historia.
Era 1990, año fatídico y terminal, y hacía sólo unos meses que Nacha Pop, la banda fundamental de Vega había puesto fin a su accidentada existencia con un disco doble en directo que repasaba sus mayores éxitos. Con la despedida, llegaron las bandas. Pobre consuelo para un grupo mítico, mimado por la crítica, pero que nunca gozó del favor del gran público.
O, mejor dicho, sí lo consiguió, pero cuando ya no existía y sus canciones, sus enormes canciones, eran sólo el eco melancólico de ese supuesto tiempo pasado que no fue mejor, por mucho que los recuerdos tienda a edulcorar la realidad vivida. Pero en 1990, se vivía el fin de ciclo, Nacha Pop era un cadáver y Vega tenía que seguir adelante.
Y lo haría, ya saben. A trancas y barrancas, con una carrera irregular marcada por su adicción a las drogas. Aún habría grandes canciones y conciertos inolvidables. Y muchos fiascos y docenas de espantadas. Porque Vega era, sin lugar a dudas, un genio. Pero no supo sacar partido personal de su genialidad. Ni hacerla rentable.
Pero eso vendría luego. En aquellos primeros compases de la década de los noventa, Antonio tenía un puñado de temas nuevos de gran calidad, un productor de campanillas, el gran Carlos Narea y una discográfica que confiaba en él. En fin, que todo eran buenas sensaciones a su alrededor cuando grabó aquella joya.
La buena noticia presente es que ese disco, que ustedes tal vez hayan perdido en una de sus últimas mudanzas, cambios de trabajo o divorcios, va a ser reeditado con todos los honores. De tal modo que si quieren podrán volver a comprarlo, regalarlo o compartirlo con sus descendientes. Háganlo. Pero sin pasarse. La música de Antonio Vega sienta mejor cuando se consume en tragos cortos.
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