Daldry traslada ‘Slumdog millionaire’ a las favelas de Brasil en una fábula con ritmo trepidante pero demasiado optimista. El director de ‘Billy Eliot’, ‘Las horas’ o ‘El lector’, el británico Stephen Daldry, regresa a la gran pantalla con ‘Trash, ladrones de esperanza’, un ‘Slumdog millionare’ a ritmo de samba que ‘viste’ en formato de cuento la realidad social de Brasil. Como la película de Danny Boyle, se vale de la simpatía que despiertan los niños protagonistas para tratar la pobreza y la desigualdad social, pero la fábula que plantea está mucho más edulcorada y tiene menos encanto que la que transcurre en la India.
En la película de Daldry, basada en el ‘best-seller’ de Andy Mulligan ‘Reyes de la basura’, los personajes a quienes seguimos la pista son tres adolescentes de una favela de Río de Janeiro, que se ven obligados a escapar de la policía al descubrir un secreto que podría acabar con la carrera de un político corrupto en plena campaña electoral.
Todo comienza cuando dos de ellos, Rafael y Gardo, se encuentran en el vertedero en el que tienen que trabajar para ganarse la vida una cartera con misteriosas claves para desvelar una importante información que muchos quieren mantener oculta. Recurren entonces a su amigo Rata, con el que se lanzan a una arriesgada aventura para destapar la verdad.
Pese a lo desolador del lugar donde se desarrolla la historia, la película escapa de la realidad más cruda de las favelas, orientándose a un visión demasiado optimista que incluso llega a rechinar. Una pobreza ‘coloreada’, tanto en el guión como en la puesta en escena, que en un principio saca al espectador de la narración, aunque pronto se deja llevar por el ritmo trepidante de la aventura y la vitalidad del trío protagonista.
A medida que pasa la cinta, queda cada vez más claro que la intención del director y del guionista (Richard Curtis, el responsable de comedias románticas como ‘Love Actually’ y la más reciente ‘Una cuestión de tiempo’ o guionista de ‘Nothing Hill’, ‘Cuatro bodas y un funeral’ o ‘el diario de Bridget Jones’) no es contar la realidad, sino un cuento ‘buenrollista’ que llama a la esperanza, y como tal hay que tomarse la película.
Como todo relato de este tipo, no hay grises, los personajes son muy malos o muy buenos, y tiene moraleja, o más bien moralina. Aunque trata temas como la corrupción, los abusos policiales o las motivaciones que llevaron a los brasileños a la calle para protestar por el gasto excesivo de la celebración del Mundial de Fútbol, la denuncia social queda demasiado diluida. Se echa de menos un mayor equilibrio entre esa voluntad ilusionante y el reflejo de las condiciones más crudas en las que viven los brasileños más pobres.
‘Trash, ladrones de esperanza’ es entretenida e intensa, con momentos en los que no hay lugar para el descanso. Tiene muchos ingredientes para gustar al público general: ritmo, cierta intriga, personajes cautivadores y mensaje.
Sin embargo, este último se ve sobrepasado por el espíritu aventurero de la película y por un escenario artificial, especialmente en su dulcificado final. Le falta la originalidad de ‘Slumdog millionare’ y la chispa auténtica de ‘Ciudad de Dios’.
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