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Cómo avanzar hacia formas de desplazamiento más sostenibles

En 2011 se aprobó en nuestro país la ley para una Economía Sostenible que alentó a las administraciones locales a crear un Plan de Movilidad Urbana Sostenible (PMUS). Los objetivos de estos planes fueron no solo reducir la congestión urbana y la contaminación, sino también alentar a los ciudadanos a cambiar sus hábitos para que fueran menos dependientes de sus automóviles y más activos en sus viajes diarios, ¿pero hasta qué punto se ha conseguido esto?

Para responder esta cuestión, un equipo de investigadores del Centro de Investigación del Transporte (TRANSYT) de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) ha realizado una evaluación del contexto español en cuanto al desarrollo y la evolución de los PMUS (hasta el año 2017) y de los esfuerzos invertidos para lograr una movilidad más sostenible en España. El estudio concluye que estos planes deben abordar estrategias más holísticas que consideren no solo la movilidad, sino también la calidad de vida de los ciudadanos.

El estudio concluye que no deben abordarse únicamente medidas centradas en el transporte, sino también en la planificación de la forma y el diseño de la ciudad

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores analizaron los PMUS de 38 municipios pertenecientes a la Red Española de Ciudades Inteligentes (RECI) en la fecha del estudio. La investigación consta de dos bloques. En primer lugar, se realizó un análisis de la situación de partida de la movilidad de cada municipio, según el documento de diagnóstico incluido en la mayoría de los PMUS. En este análisis se evaluó el nivel de detalle y la exactitud del diagnóstico inicial, además de la participación pública durante su redacción.

En un segundo bloque, se analizó cada uno de los PMUS considerando los indicadores de las 16 categorías definidas en la Guía Práctica para el desarrollo e implementación de un PMUS del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). También se tuvieron en cuenta otros aspectos como el cronograma, la inclusión de un plan de seguimiento o los detalles del presupuesto.

Los resultados más relevantes según las distintas categorías fueron los siguientes. La movilidad peatonal y ciclista se considera en prácticamente todos los planes y, aunque su puntuación media es elevada, algunas propuestas incluidas no son realistas con el modelo de ciudad.

Sobre el transporte público, a pesar de la diversidad de modelos de unas ciudades a otras, una gran mayoría (95%) proponen una reestructuración de las líneas de autobús existentes. En cuanto a la jerarquía viaria las medidas se centran en proyectos de diseño del espacio público, también relacionadas con accesibilidad y seguridad vial (aunque éstas se incluyen como categorías aparte).

Infraestructura insuficiente para la movilidad eléctrica

En relación al automóvil privado, en ningún caso se aborda la gran dependencia del mismo. Solamente se plantea la creación de nuevos aparcamientos para resolver el problema del estacionamiento en la vía pública. Por otro lado, la movilidad eléctrica necesita, previamente, una infraestructura actualmente insuficiente; y los sistemas de vehículos compartidos no eran una práctica común en el momento en que se realizó el estudio.

La distribución de mercancías, la intermodalidad y la normativa referente a la movilidad urbana son apartados que, normalmente, tienen poco desarrollo y comprenden iniciativas muy genéricas.

Respecto a la contaminación atmosférica y acústica, a pesar de ser uno de los principales objetivos de los PMUS, no se aborda más allá de la inclusión de zonas verdes en el espacio público. En relación a la participación ciudadana, se suele quedar en acciones teóricas que no se suelen llevar a cabo. Por último, solamente el 10% de los planes analizados incluyen un programa de seguimiento e indicadores, para el análisis y la evaluación del resultado de su implementación.

Las sugerencias de los investigadores, una vez finalizado el estudio, señalan que “los PMUS deben abordar estrategias más holísticas que consideren no solo la movilidad, sino también la calidad de vida de los ciudadanos, los impactos a corto y largo plazo, los grupos afectados y la cultura social donde se aplica cada medida”. En definitiva, concluyen, “no deben abordarse únicamente medidas centradas en el transporte, sino también en la planificación de la forma y el diseño de la ciudad”.

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SINC

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