Las plantaciones de ‘sinsemilla’ resultan ser muy eficaces para aumentar la cantidad de THC. / Wikimedia Commons
El trabajo, liderado por investigadores del King’s College London y la Universidad de Bath, confirma además que la relación entre cannabis y salud mental se agrava en personas con historial de trauma infantil, lo que convierte la automedicación en un factor de alto riesgo.
Los investigadores midieron el consumo medio semanal de THC, el principal compuesto psicoactivo del cannabis. El promedio entre los encuestados fue de 206 unidades semanales, equivalente a entre 10 y 17 cigarrillos de marihuana de potencia media.
En cambio, quienes afirmaron haber comenzado a consumir para controlar ansiedad o depresión alcanzaban cifras significativamente más altas, con 248 y 255 unidades semanales, respectivamente.
Motivo principal de consumo | THC medio semanal (unidades) | Equivalente aproximado en porros |
---|---|---|
Ocio / curiosidad | 206 | 10–17 |
Automedicación por ansiedad | 248 | 12–20 |
Automedicación por depresión | 255 | 13–21 |
El estudio demuestra que cuanto mayor es la dosis, más graves son los síntomas de paranoia, ansiedad y depresión.
Automedicarse con cannabis para ansiedad o depresión conduce a consumos más altos de THC y multiplica los síntomas de paranoia
Los datos también confirman que el cannabis amplifica los efectos del trauma infantil. Más de la mitad de los encuestados reportó haber sufrido algún tipo de abuso en la niñez, y en ellos la probabilidad de desarrollar paranoia en la edad adulta fue mucho mayor.
La psiquiatra Giulia Trotta, coautora del estudio, explica que “existe una clara relación entre el trauma y la paranoia futura, y el cannabis puede exacerbar aún más este efecto dependiendo de la forma que adopte el trauma”.
El cannabis actúa como un amplificador del trauma infantil, disparando el riesgo de paranoia en la edad adulta
Los autores del estudio insisten en que los médicos deberían preguntar siempre por el motivo del primer consumo de cannabis, ya que esta información puede ser clave para detectar perfiles de riesgo. Identificar a quienes lo usan para automedicarse permitiría derivarlos a apoyo psicológico y evitar un deterioro de la salud mental.
La Dra. Emily Finch, presidenta de la Facultad de Adicciones del Royal College of Psychiatrists, advierte que es urgente desmontar la idea de que el cannabis no es adictivo: “La sociedad debe ser más consciente de los daños potenciales del cannabis y de que su consumo puede tener efectos adversos significativos en la salud mental”.
El motivo del primer consumo de cannabis debe ser una señal de alerta clínica para prevenir futuros problemas de salud mental
La investigación subraya que la normalización del cannabis como estrategia de automedicación es peligrosa, especialmente entre jóvenes y personas con antecedentes de trauma. Con un consumo creciente y una percepción social de bajo riesgo, los expertos reclaman reforzar la prevención, mejorar la regulación y ampliar los recursos de salud mental.
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