Y no se trata para nada de una acción publicitaria. No la necesitan. Al cabo de casi ocho años de iniciar el camino se han sabido ganar una amplia clientela estimulada por la calidad y variedad de la oferta en un entorno de primer mundo con una logística de tercero hacia abajo.
Lo significativo de la novedad es que por vez primera en la historia de la revolución sucede que un anciano escuche que “usted, por su edad, tiene un descuento en la factura”.
Joel, su máximo responsable, lo deja por sentado. “Desde hace un buen rato estábamos pensando, de una u otra forma, tener ese pequeño gesto con las personas mayores tal y como ocurre en muchas partes del mundo”.
Assukkar le ha rentado desde entonces el local a una empresa estatal y ahora mismo se encuentra en el procedimiento de convertirse en pequeña empresa privada o Mipymes, como se le conoce.
Muchos méritos alcanza este colectivo cercano a las 50 personas. Tal vez el más sobresaliente sea el de no bajar la oferta y calidad en medio de situaciones muy adversas por la crisis, la inflación y donde adquirir los complementos necesarios resulta un verdadero dolor de cabeza.
Vale esta iniciativa del sector privado. Claro, habrá quien salga en defensa del Estado aduciendo que bastante hace con salud gratuita y hasta cursos universitarios para ancianos.
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¡Assukkar para los ancianos!
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