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¿Quo Vadis Bruselas?

sábado 22 de marzo de 2014, 00:00h
Carlos Humanes, editor de ElBoletin.com
Carlos Humanes, editor de ElBoletin.com
El pacto firmado por los países miembros de la UE para impulsar la unión bancaria parece más una broma que un acuerdo político con futuro.
Si lo que los habitantes de Bruselas, del sector político comunitario, tienen que ofrecer a los ciudadanos de la Unión Europea (UE) como garantía de que sus bolsillos no se verán afectados por la próxima 'juerga' bancaria está contenido en lo que conocemos del acuerdo presentado esta semana sobre el asunto, habrá que irse preparando para lo peor, porque estamos arreglados.

Este asunto de la unión bancaria parece una broma. Con independencia de lo que pueda dar de sí ese capítulo, enunciado pero que permanecer sin cuantificar, que hace referencia al posible endeudamiento de los mecanismos de rescate, hablar de un fondo dotado con 55.000 millones de euros, a desembolsar en los próximos ocho años, suena casi como un nuevo insulto dirigido a unos ciudadanos europeos que hace tiempo que están, y con razón, hartos de tanta broma pesada.

Es evidente y las pruebas empíricas son de todos conocidas gracias, o por culpa, al reciente colapso bancario, aún sin resolver por completo, que con esa cantidad de dinero no puede, en ningún caso hacerse frente a este tipo de problemas cuando se producen. Sólo la reciente quiebra de las cajas españolas habría superado con amplitud esa cifra y hablamos de un caso restringido a un sólo país, no de un colapso financiero que pueda llegar a afectar a toda la UE que es, sobre todo, para lo que debe prepararse un mecanismo de estas características.

La cuestión se complica todavía más, cuando entra en juego esa 'limitación' de la solidaridad impuesta por una Alemania que sigue ejerciendo su papel y frena, una y otra vez, cualquier intento de integración hasta casi dejarlo sin contenido.

Un país, siempre acompañado por sus inevitables satélites, que sólo parecen interesados, de momento, en preservar al euro a cualquier precio y en asegurarse por encima de todo de que su devastado sistema financiero, plagado de bancos zombis, sobreviva sea como sea.

Los expertos en la particular geología de Bruselas y sus probos funcionarios podrán argumentar lo que quieran y dibujar un futuro dorado, incluso para el futuro de la UE, hasta describir este acuerdo como otro paso adelante en la buena dirección como marca la retórica habitual que acompaña a más de un análisis interesado cuando se presentan en sociedad este tipo de pactos. Pero sus testimonios tienen más de predicciones de augur que de cualquier otra cosa.

Estamos sólo a tres meses de las elecciones europeas y no da la sensación que este tipo de iniciativas vaya a servir para mejorar la ya escasa confianza que tienen los ciudadanos en las instituciones comunitarias.

No parece, de ningún modo, que esta sea la forma más adecuada de intentar recuperar el buen camino y convencer a una población cada vez más descreída de que la integración del Viejo Continente es la mejor manera de asegurar la pervivencia de las conquistas sociales, económica y políticas que se habían alcanzado antes de la crisis.

Si los actuales promotores de la UE siguen en este línea equivocada, y parecen estar decididos a hacerlo, tendrán bien merecido cualquier tipo de castigo que puedan recibir en el futuro de los hastiados ciudadanos.

Lo cierto que, por el momento, lo único que muchos europeos, en especial los de los países periféricos, tienen claro sobre el particular es que esta Europa no resuelve los problemas ni mejora las expectativas de la sociedad. Más bien al contrario, los agrava y contribuye a oscurecer cada vez más un futuro que ya de por si se presentaba incierto.
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