De costa a Costa

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Dicen los vecinos de la calle Génova que los rugidos dentro de la sede del PP han hecho temblar sus ventanales. Dolores de Cospedal tenía cierto mosqueo atómico y todo porque anoche hizo el ridículo en Telemadrid cuando le preguntaron por la situación pero ella no era consciente del último comunicado que habían sacado en Valencia. De ahí a que esta mañana entrara en la séptima planta como esos remolinos que se ven en los dibujos animados, igual que el monstruo de Tasmania.

De un plumazo ha borrado la sombra de Ricardo Costa del partido, (otra cosa es que Ric vaya a cejar en su empeño por mostrar que él es el hombre más apoyado de Valencia después de Enrique Ponce al que la multitud saca en hombros cuando corta orejas). Ayer Ric dio una lección de lo que es echar un pulso en política, dos ruedas de prensa, una por la mañana y otra por la tarde, una con corbata y otra sin ella, pero siempre el mismo tono de «el hombre que susurraba a los Lacoste».

Pero este escándalo que va de costa a Costa, y que recorre el país como el último gran cotilleo del momento, demuestra que Rajoy y Camps no hablaron de política en Alarcón provincia de Cuenca. En otro caso no se entendería el apoyo hasta el final de Camps; así pues hablaron de fútbol y de toros, hasta es posible que echaran juntos una Primitiva para ver si les mejoraba el porvenir. La cuestión es saber si la marea de la costa se ha calmado, o sí por el contrario tendremos nuevos episodios.

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