¿Consumo sin consumidores?

Carlos Humanes, editor de ElBoletin.com
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Es difícil que se recupere el consumo privado si se empobrece a los consumidores, destruyendo empleo y recortando salarios. Esta semana se han publicado las últimas estadísticas oficiales sobre la evolución de la economía española. Los datos apuntan que, en el tercer trimestre de este año, el consumo privado ha empezado a arrancar y gracias a ello, el país ha dejado atrás su última recesión. Un paisaje optimista que, sin embargo, no es perceptible para la mayor parte de los ciudadanos.

Los ‘buenos’ números tienen su base, y su explicación, en el juego de los porcentajes y el efecto positivo de comparar unas cantidades muy bajas con otras que aún lo eran más. Y, aunque sea mejor eso que lo contrario, la evidencia demuestra que destruyendo empleo y devastando los salarios, difícilmente se va a conseguir desentumecer la demanda. Con un modelo económico como el actual, basado precisamente en el consumo, la destrucción sistemática del poder adquisitivo de los consumidores no parece la mejor opción posible para despertar una economía aletargada.

El proceso de empobrecimiento de la población y la caída del empleo que se ha registrado en España desde la llegada al poder de Mariano Rajoy hace ya cerca de dos años ha seguido una tendencia creciente. El desempleo, ya se sabe, ha empeorado. Al cierre de 2011, la tasa de paro se situaba en el 22,85%, correspondiente a 5.273.600 personas sin trabajo. En el tercer trimestre de 2013, las cifras se han elevado hasta 25,98% y 5.904.700, respectivamente. Es decir, que el paro ha experimentado un aumento de 11,9 puntos porcentuales en este tiempo y se han destruido 631.100 puestos de trabajo.

Junto al empeoramiento de la situación del mercado laboral se ha producido también un significativo descenso de los emolumentos percibidos por los trabajadores. Eso se refleja en la caída de los costes salariales medios que, según los datos del INE, desde 2010 habrían descendido un 4,5%. Como consecuencia de todo esto, la renta disponible de los hogares ha sufrido un recorte del 7,4% en este periodo. Además, al cierre del segundo trimestre de 2013, el último dato publicado, la renta total de los hogares se había situado en 173.235 millones de euros, la cifra mas baja de los últimos seis años.

De modo que, en contra de algunos mensajes que llegan desde el FMI, sobre todo, pero también desde la patronal y el sector financiero, no parece que los recortes salariales se traduzcan en aumento del empleo y sí contribuyen, sin embargo, a deprimir más la demanda.

Así que, como decíamos antes, la eventual recuperación de las cifras macroeconómicas, no se traslada a la población y, en ese escenario, los responsables políticos piden nuevos actos de fe e insisten en que la mejora acabará por notarse. Pero, mientras tanto, y cada vez más, los ciudadanos buscan mecanismos propios para defenderse de una situación cada vez mas desastrosa, porque ya no confían en las instituciones ni las fórmulas establecidas.

Es una reacción lógica, ante la certeza de que los máximos responsables políticos y económicos, nacionales e internacionales, se han instalado en el principio de la irresponsabilidad. En sus dos acepciones. Son irresponsables por haber elaborado unos diagnósticos y unas estrategias contra la crisis que no han funcionado y también porque no parece que vayan a pagar de ninguna manera por la consecuencias de sus actos.

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