ABEJAS CON MALAS PULGAS

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Las abejas no son avispas, por supuesto, pero también suelen tener malas pulgas, aquí y en el Himalaya. El otro día, sin ir más lejos en el tiempo, lo comprobó el pobre Jaam Singh Girdham en el fugaz estreno de su viudedad. Estaba el hombre en su aldea del norte de la India, Naya Bilwa, enfrascado oficiando los rituales religiosos de la cremación de su mujer recién fallecida cuando apareció en el soleado horizonte un enjambre de enfurecidas abejas con las peores intenciones reflejadas en su amenazante ronroneo. Se ve que las llamas de la leña ardiendo o el olor a la carne quemada las habían excitado en su agresividad, y todas a una se lanzaron en picado contra el pacífico cortejo fúnebre que participaba en el acto. Los asistentes, asustados, presas del pánico, huyeron despavoridos, profiriendo alaridos y agitando las manos como aspas de molino en un intento desesperado por ahuyentar a los inoportunos insectos de sus rostros, brazos y cabelleras. En cuestión de segundos, Jaam se quedó más solo que la una junto a la pira, recitando como si nada anormal estuviese ocurriendo los salmos y rezos de rigor. Las abejas, despiadadas como ellas solas, insensibles a tan dramáticas circunstancias, aprovecharon feroces para cebarse en la pasividad del hombre sobre su cuerpo semidesnudo. Jaam notó cómo los aguijones se iban clavando uno tras otro en su piel, sentía el resquemor del veneno por todos los poros, pero el dolor no le hizo abandonar su responsabilidad. ¿Cómo iba a hacerlo? Continuó el ritual debido a la difunta hasta que su organismo no resistió más y, retorciéndose entre estertores, cayó muerto, asesinado por el enjambre, seguramente satisfecho del deber cumplido y tal vez feliz de poder acompañar a su esposa de una manera tan heroica en el último trance.

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