Sorolla bate récords

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El Museo del Prado ha logrado batir una referencia de visitas con la exposición de Sorolla, aquel pintor valenciano que fue capaz de congelar el primer tercio del siglo XX y por eso sus pinturas se presentan con la frescura del óleo reciente. Si no fuera porque consta que Sorolla falleció en 1923 parecería que las obras acababan de llegar de su taller.

Sorolla hizo una galería de fiestas típicas españolas para situarlas en Nueva York, un rico llamado Archer Milton le hizo el encargo y el pintor viajó a España para darse una vuelta entre nuestras tradiciones, un trabajo de Hércules que le terminó minando la salud. El resultado fue excepcional, logró captar la cara de miedo de los toreros cuando hacen el paseíllo o la foto fija de la lonja de pescado en Ayamonte, y en todos los cuadros atrapó la luz de manera extraordinaria. Esos trabajos fueron a parar a Hispanic Society de Nueva York como la mejor embajada española posible.

El pintor tiene como misión transformar la realidad en objeto de belleza atrapada en el tiempo, Sorolla lo consiguió igual que Velázquez al que admiraba. Sus cuadros son el NODO en colores de una España que no existe, la memoria cantada y llorada de una sociedad de niños famélicos que se bañan en el mar delante de un fraile, o la de unos pescadores que se adentran en un agua clara. Hay en su obra: salitre, sonidos y olores a naranjo.

Ese viaje hacia lo magnífico de nuestro pasado ha sido posible en Madrid gracias a esta colección extraordinaria de cuadros que ahora se marchan cada uno por su lado puesto que Sorolla les dio vida propia.

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